«El técnico no tiene ideología, y menos aún filosofía o sistema. Conoce métodos que aplica con satisfacción porque proporcionan resultados inmediatos. Prevé los resultados que busca. No se trata de fines, sino de resultados. Y después, desde aquí, da un gran salto a lo desconocido, y más allá de lo desconocido encuentra la explicación de todo, la respuesta a todas las objeciones: el mito del Hombre.
Por otra parte, el técnico no cree en ese mito, o cree poco profundamente. No tiene tiempo para profundizar en tales cuestiones. Es una convicción ya hecha y muy cómoda. Es una respuesta apta para todo, cuando se habla de la técnica.
Cierto que no se trata de una justificación consciente: ¿para qué ? El técnico no se siente culpable en modo alguno. ¡Son tan evidentes sus buenas intenciones, y tan indiscutibles los resultados de su técnica! No; el técnico no tiene necesidad de justificarse; pero si alguna vez tuviese la menor duda sobre su tarea, la respuesta sería clara, al mismo tiempo que horrible: no hay nada que decir, puesto que este hombre para el que trabaja el técnico, es también tú mismo. ¿Este Hombre? La Humanidad, la Especie, el Proletariado, la Raza, el Hombre eterno, el Hombre criatura, todos los sistemas se sintetizan, en definitiva, en esta abstracción.»
Jacques Ellul: La edad de la técnica. Ediciones Octaedro, págs. 392-393. Barcelona, 2003.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1















