Dices que amas a alguien, pero si no satisfaces tus necesidades, no lo amarás. No llamo a esto amor, lo llamo esquema de beneficio mutuo.
- Sadhguru
seen from Germany
seen from France
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from China

seen from Türkiye
seen from Yemen
seen from Russia
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from Yemen

seen from United Kingdom
seen from United States
seen from United States

seen from Brazil
seen from Italy

seen from Ireland
seen from United States
Dices que amas a alguien, pero si no satisfaces tus necesidades, no lo amarás. No llamo a esto amor, lo llamo esquema de beneficio mutuo.
- Sadhguru
Ya no estamos en la sociedad del consumo, sino en la del híper-consumo, aplicada a la postmodernidad. En la década del 50 ó 60 había un televisor, un teléfono y un automóvil por familia. El consumo era colectivo, familiar. Hoy, vemos un pluri-equipamiento de los hogares, ya que allí donde antes existía equipamiento colectivo, ahora existe equipamiento por persona. Vemos una híper-individualización del consumo. Incluso los hogares de los desempleados tienen hasta tres televisores. Antes el consumo era ostentatorio, para impresionar o buscar algún estatus frente al entorno. Hoy, el consumo compra y busca otras ganancias a nivel personal: placer, emoción, aventura, comunicación con el prójimo, experiencias lúdicas.
El consumo de hoy crea algo relacional, para estar en contacto con quienes nos rodean. De esta manera, pasamos del capitalismo de producción al capitalismo cultural, pasamos de un consumidor de estatus y homogénico a otro consumidor de tipo emocional y atomizado. Ya no compro para otros, sino para mí mismo. Hay una suerte de intimización del acto; la gente quiere sentir cosas, vivir experiencias nuevas.
Gilles Lipovetsky
La dimensión simbólica de la vida social ha transformado sus referentes, sus códigos interpretativos y sus prácticas cotidianas. En el transcurso de estos años confusos, turbulentos, la noción de la alta cultura, el viejo canon burgués de la distinción ética y estética respecto del resto de los mortales (los no burgueses, desde luego), se ha perdido en la nube de instaladores, mercenarios de sonidos y manipuladores de imágenes expertos en Photoshop, en donde la música clásica se nutre de “un repertorio muerto” y la música popular no es encabezada por el vanguardismo del jazz ni por la naturaleza expansiva del rock, sino por una mezcla extraña de ritmos de linajes diversos difundidos globalmente mediante el uso intensivo de las nuevas tecnologías de información, instrumentos que de algún modo han transformado las prácticas, los gustos y las estéticas del consumo cultural masivo.
¿Qué implicaciones tiene esto para la cultura contemporánea? El declive de la sociedad burguesa que dominó el siglo XIX y la primera mitad del XX trajo consigo la alteración no solamente de las formas en que se produce y aprecia el arte y la cultura, sino también de los procesos en que se consumen globalmente. Debajo y al fondo de esos cambios está la rebelión de las masas, el crecimiento económico, el ascenso de las clases medias, la expansión de la educación superior y la democratización política. Esas fuerzas impactaron de manera irreversible el perfil de las élites del poder económico y político en las sociedades contemporáneas, haciendo de la cultura un vasto campo poblado por intereses, creencias, impulsos creativos y apreciaciones diversas. Hoy en día cualquier tipo de expresión puede considerarse arte y en esencia, implicar de alguna forma la cultura.
¿Biopolítica del estomago?
“Los grandes poderes industriales y financieros, producen, no sólo mercancías, sino también subjetividades. Producen subjetividades que a su vez son agentes dentro del contexto político: producen necesidades, relaciones sociales, cuerpos y mentes, lo que equivale a decir que producen productores”, en palabras de Antonio Negri. Este es el individuo ligado a nuevos mecanismos de control sobre su vida y con nuevas opciones de consumo, incluidas las del consumo alimenticio.
Del derecho a la muerte al poder sobre la vida es el principio de la biopolítica. Nuestro cuerpo poco a poco es encubierto con nuevas máscaras que nos vinculan en procesos cada vez más intrincados.
Indio Solari: “Los jóvenes son los héroes, pero no tienen acceso a un carajo”
📬 #IndioSolari: “Los jóvenes son los héroes, pero no tienen acceso a un carajo” 🌎 #Sociedad | #Culrura | #RockNacional | #Política 💻
“El tipo que se nutre de chuparle las medias al poder, no puede ser un artista”, aseveró el Indio Solari en una entrevista exclusiva que le dio a Marcelo Figueras en su programa Plegarias Atendidas, que se emite por Radio Provincia.El músico argentino, fundador del mítico grupo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, habló de su trayectoria, de política, de este momento singular del mundo…
View On WordPress
La dependencia emocional o el hiperconsumo aplicado a nuestras relaciones personales
Tengo 24 años. Hasta hace unos meses acumulaba una buena tanda de contactos en el teléfono a los que ni siquiera les ponía cara. En mi recorrido virtual tuve infinidad de conversaciones virtuales en el ya desaparecido Messenger, un perfil excelente en Badoo y un adosado con vistas en Tinder. ¿Se nos está olvidando el lado más humano en esta sociedad del hiperconsumo?
Tenemos a nuestra disposición multitud de herramientas para conectar con otras personas, para desarrollar y satisfacer nuestras necesidades sociales. Sin embargo, nos encontramos en una era de vacío, de soledad infinita y enfermiza. ¿Qué nos está pasando?
Que nuestras relaciones no son sanas es algo que no se puede obviar. Hemos hecho de todas las plataformas a nuestro alcance una suerte de supermercado en el que encontrar vendajes y curas. Y sí, hablo de material de enfermería porque lejos de conocer personas, estas herramientas son usadas en muchas ocasiones como una vía de salvación para nuestro descontrol emocional. No lo juzgo porque nadie nos ha enseñado a lidiar con nuestras emociones.
La realidad es que buscamos la seguridad, el afecto o el reconocimiento fuera de nosotros. Queremos superar la frustración del día a día, el dolor de la ruptura, la soledad que trajeron los celos... poniendo parches. Y ojo porque los parches, lejos de ser un artículo de farmacia, son personas. Con su alegría, con sus miedos, con sus deseos, con sus desgracias, con sus ganas de vivir, de desarrollarse, de sonreír, de pagar sus deudas, de ser padres, de viajar a otro país... Personas, vaya.
Pero como pasa con todo en la sociedad del hiperconsumo, no nos detenemos en ellas. Ya sabes; comprar, tirar, comprar. Amores líquidos como diría Zygmunt Bauman.
No nos detenemos por varios motivos. La “oferta” es tan amplia que buscamos una persona fabricada a nuestro gusto con el objetivo de que nuestra herida deje de supurar. Algo absurdamente imposible, por lo que después de un eterno proceso de selección, se suele caer en relaciones potencialmente tóxicas en las que uno intenta moldear a otro como si de arcilla se tratase. Rechazamos todo aquello que no nos gusta, limitamos la individualidad del otro y desconfiamos de lo que nos es ajeno. Como si no fuese algo extraordinario sumergirte en aficiones o conversaciones diferentes.
A pesar de ello creo que, aunque esto requiera un nivel consciencial más elevado, en ocasiones el pensamiento de que nadie está aquí para salvarnos se impone. Solo nosotros tenemos la capacidad de hacerlo, de curarnos emocionalmente. No podemos buscar nada fuera de nosotros mismos. Decía Osho, un orador y profesor de filosofía indio, que solo aquellas personas capaces de estar solas pueden amar porque quieren a la otra persona sin poseer, sin dependencia alguna, sin ser utilizada con un fin.
Me gusta pensar que es posible. Creo en un mundo en el que las personas no sean el bote salvavidas de nadie. Personas que compartan, que se cuiden, que se ayuden, y que inspiren para hacer del mundo un sitio en el que merezca la pena vivir.
Eu me pergunto se houve em algum tempo na história da humanidade, período de satisfação suficiente em que nós, seres humanos não quisessemos ter além do que era possível. Bem, penso que a resposta não pode ser outra, é que claro que a insatisfação sempre esteve presente, ao mesmo tempo que satisfazer se dentro do possível sempre foi gerador de bem estar. Outra verdade é que nossos anseios sempre estiveram além da nossa possibilidade momentânea, o que não nos impediu de nos manter ávidos em busca novas formas de alcançar o prazer, este que ao ser alcançado não nos estimulava de modo equivalente a primeira vez (vide Freud). Ora, se cada ser humano de modo geral (vamos supor que haja exceções) carrega essa ânsia por maiores intensidades e repetições de prazer, então o repertório do que pode nos oferecer prazer deve crescer proporcionalmente em conformidade com o aumento populacional. A variedade de possibilidades de se obter prazer não parou e provavelmente não deve parar de crescer. Bem, então vamos a questão do famigerado dinheiro. Sabidamente, a obtenção crescente de dinheiro é uma das formas mais eficazes e bem sucedidas de se obter prazer, não apenas por si mesma, como também por proporcionar uma variedade de outras formas de obter prazer. Porque então seres humanos inteligentes não fariam disso um meio de produzir novos modos de se obter prazer? Sabemos também que onde há bem estar há uma oportunidade de negócio, de ações comerciais. Se a busca pelo prazer é incessante, é claro que pra muitos a vontade acumular dinheiro será proporcional. Então apenas isso que foi falado até agora explica esse perfeito ciclo de reprodução que está praticamente automatizado: Prazer > Dinheiro > Prazer > Dinheiro. (grosseiramente falando). Outra fonte de prazer é o poder, esse que aparece junto com o dinheiro. Sabe se que ao experimentar níveis maiores de prazer, níveis menores tornam se menos interessantes. O que 'obriga' a busca por níveis ainda maiores de prazer, como a lógica da coca. Básico. Assim, acumular dinheiro, é acumular poder, acumular poder e dinheiro além de reduntante é muito prazeroso. Vamos esclarecer uma coisa, o prazer aqui não se trata apenas da sensação subjetiva de prazer, mas aquela objetiva que se nota fisiologicamente no nosso sistema de recompensa lá no cérebro, sabe? Pois é. Concluo até agora que acumular é natural. Até porquê (bônus), quando não é possível que todos acumulem tanto, essa propriedade de acumular torna se alvo de cobiça, quanto mais cobiçado algo é...já sabem né? Mais valioso, isso mesmo.
Então, o consumo não é culpa daquele que não mencionamos (o capitalismo...buuh!). Marqueteiros malvadões....Ahh a publicidade que engana os pobres seres humanos...ahh...a falsa felicidade... A insatisfação nasce com cada serhumaninho. O desejo de prazer também. A criatividade vem junto com a inteligência, que já vem com a gente. O resto é só consequência.
GILLES LIPOVETSKY - La sociedad del hiperconsumo