Consejos sobre escritura 2
Primera parte: http://dk-prometeo-daemon.tumblr.com/post/114866687518/consejos-de-escritura-1
¡Hola! Aquí continúo con la recopilación de textos para ayudar a escribir. Esta vez va a ir dedicado a algo que considero muy importante para la historia, ¡los personajes! Como siempre, aviso que esto no lo he escrito yo, sino que son cosas que encuentro por Internet, y quiero compartir con ustedes.
Ahí va, ¡espero que les guste!
Los temas que pondré son: “Cómo dar a conocer a nuestros personajes”, “Decálogo para crear personajes protagonistas”, “Tipos de personajes: la importancia de los secundarios” y “Cómo dar profundidad a los personajes”.
>CÓMO DAR A CONOCER A NUESTROS PERSONAJES<
Si algo tienen en común todas las historias que leemos y contamos es que están protagonizadas por personajes. Estos pueden ser seres fantásticos o realistas, animales o humanos, pero siempre limitados por las palabras, por el contexto y por las historias que protagonizan.
Así pues, cuando contamos una historia tenemos que representar a esos seres a través de las palabras hasta que parezcan reales, tenemos que darles vida y tenemos que hacerlo bien. Pero, ¿cómo?
Podemos usar al narrador para que nos explique cómo es nuestro personaje, está claro, pero esto solo no basta y el lector necesita siempre algo más. Si queremos crear personajes en tres dimensiones, hay seis formas mucho más creíbles y eficaces de presentárselos al lector:
Una de las maneras más sencillas de presentar un personaje es hacerlo a través de sus pensamientos y emociones. Lo que hay en el interior de su cabeza puede ser revelador, especialmente si se contradice con lo que dice y hace o si aporta una información a mayores.
O “Por la boca muere el pez”, que dice el refrán. Al personaje también se le define a través de los diálogos, de lo que dice y cómo lo dice.
Nuestras acciones no engañan, eso está claro. Poco importa que el narrador (o incluso el propio personaje) insista en que un personaje es valiente si no lo demuestra con su comportamiento.
4. ¿Cuáles son sus atributos?
Hay rasgos, emblemas o símbolos que ayudan a hacernos una idea de cómo es alguien. Por ejemplo, un personaje que se sonroja fácilmente, otro que viste siempre colores chillones y alegres, una persona que siempre lleva un reloj y lo mira constantemente… En la película Amélie el personaje de Nino colecciona fotografías que otras personas desechan en fotomatones. No se sabe mucho más de él, pero tampoco hace falta.
El nombre o la forma de llamar a alguien nos cuenta también cosas sobre su personalidad. No es lo mismo llamar a alguien por un nombre determinado (los nombres, además, pueden tener significado de por sí, como ya os comenté hace tiempo en el post cómo elegir el nombre de tus personajes) que por un apodo o no nombrarlo en absoluto. Éstas son decisiones que deben tomarse siempre para ayudar a la caracterización del personaje y, sobre todo, a la historia.
6. ¿Qué piensan y dicen los demás?
La opinión del resto de los personajes y su relación con ellos es importante para que entendamos cómo es. En la película “Centauros del desierto” el personaje interpretado por John Wayne no habla mucho de sí mismo y sus acciones tampoco nos cuentan demasiado sobre él salvo que es un hombre duro y amargado. Casi todo lo descubrimos a través de lo que otros dicen y de sus relaciones con los demás. Sabemos así que hay algo turbio en su pasado, que ha matado a hombres, que está enamorado de la mujer de su hermano y que, pese a su rudeza, es un tipo vulnerable (este último dato se ve por la relación con sus sobrinas y su cuñada).
Si lo pensamos bien, estos seis puntos son también lo que nos ayuda a definir a las personas que nos rodean, así es cómo vamos conociendo a nuestros allegados. Al fin y al cabo, la ficción es, al igual que un personaje, una representación de la realidad.
>DECÁLOGO PARA CREAR PERSONAJES PROTAGONISTAS<
En el post anterior os hablaba sobre cómo dar a conocer a nuestros personajes. Como es un tema que me gusta mucho y me parece interesante para desarrollar cualquier historia, quiero seguir hablando un poquito más sobre él a través de este decálogo que he preparado sobre la creación de personajes: cómo crear protagonistas multidimensionales y que gusten al lector.
El protagonista es el personaje principal de una historia, el que da el impulso a la acción y a través del cual se viven los hechos. En una misma historia puede haber uno o varios protagonistas (incluso existen casos donde se cambia de protagonista en medio de la historia, como ocurre en Psicosis). En el caso de haber varios protagonistas en una narración, existen dos formas de clasificarla:
Historia con protagonistas plurales: todos los personajes protagonistas comparten un mismo objetivo y sufren las mismas consecuencias y beneficios en la lucha por alcanzarlo. Es el caso por ejemplo, de la serie El Equipo A, Los doce del patíbulo o la saga de historias juveniles de Los Cinco.
Historia con múltiples protagonistas: todos los personajes protagonistas de la historia tienen objetivos individuales y sufren consecuencias y beneficios de forma individual, a veces incluso el beneficio de uno es el sufrimiento de otro. Este tipo de protagonistas se da, por ejemplo, en la tan de moda Juego de Tronos o en la serie de ciencia ficción Battlestar Galáctica, donde, a pesar de tener todos un objetivo general de alcanzar la Tierra, cada personaje tiene sus propios objetivos en una trama mucho más compleja.
Al margen del número de protagonistas en una historia, hay una serie de puntos que nos ayudarán a construirlos y a partir de ellos he desarrollado el decálogo que os comentaba con los diez aspectos que debe tener todo personaje protagonista para gustar al lector. Los protagonistas deben ser…
Todos los personajes de la historia han de ser diferentes, distintos entre sí, tanto en las historias con varios protagonistas como las de uno solo. A través de los distintos personajes hay que buscar el complemento (personajes que se complementan entre sí y forman un equipo, un todo) o el contraste y la confrontación (las tensiones entre personajes generan conflictos, y ya sabéis que CONFLICTO es igual a HISTORIA).
Todo personaje ha de ser, además de coherente con la historia a la que pertenece, coherente consigo mismo y su forma de ser. Nada chirría más que ver a un personaje al que conoces actuar de una manera que no le corresponde sin justificación alguna. Por ejemplo: un personaje que es altruista y desprendido, caritativo, de pronto le contesta de forma desagradable a un anciano que le pide que le ceda su asiento en el autobús. También podemos ver como ejemplo el caso opuesto: un personaje avaro, egoísta, mezquino y ruin que, sin un detonante o una justificación dentro de la historia, se muestra de repente generoso con sus semejantes.
Sin dejar de lado la coherencia que comentaba en el punto anterior, el personaje ha de sorprender con sus acciones. Es decir, actuando siempre dentro de una forma lógica, esperable según su carácter o su bagaje, no debe resultar previsible o será aburrido.
También es bueno que el personaje tenga contradicciones, conflictos internos. Nos gusta (y nos sorprende, en relación con el punto 3 del decálogo) que un personaje dude o se plantee sus objetivos por un problema moral. Como lectores, esto nos ayuda a ponernos en su lugar y nos hace la experiencia de la lectura más gratificante y enriquecedora.
Por ejemplo (ojo spoilers!! Si no has leído el El conde de Montecristo salta directamente al punto número 5 o deja este post y vete a leerlo inmediatamente porque te estás perdiendo una gran obra). Bueno, y aquí va el spoiler: cuando Edmond Dantés conoce al hijo de su enemigo y empieza a tomarle afecto, surge un fuerte conflicto interno entre sus deseos de venganza y sus sentimientos. Es una de las partes con más fuerza de toda la novela.
Al igual que el conflicto, la acción es fundamental para la historia. Si el protagonista es un ser pasivo, no hace nada, no nos interesa en absoluto. El protagonista tiene que hacer cosas, aunque sea por obligación o sólo de manera psicológica, el conflicto y los hechos lo empujan a la acción.
Un protagonista puede provenir de ámbitos muy distintos que resulten desconocidos para el lector, pero tiene que tener una motivación, un objetivo, sueño, deseo o meta universal, que sí sea comprensible e identificable para el lector (amor, poder, venganza, lealtad, supervivencia…). Además, sin motivación, tampoco hay motivo para la acción.
En este punto también cabe distinguir dos tipos de motivaciones: la superficial (que el personaje sabe de forma consciente que persigue) y la profunda (que el personaje desconoce pero persigue de forma inconsciente y le hace evolucionar mucho más que la consciente).
Por ejemplo, el personaje de Star Wars Han Solo tiene unas motivaciones conscientes, que son egoístas (el dinero y salvar el propio pellejo). Sin embargo, a la hora de la verdad (y esto es otro punto importante a tener en cuenta: bajo presión es cuando se muestra la verdadera naturaleza de un personaje) le traiciona su motivación inconsciente (el compañerismo) y se arriesga por salvar a sus compañeros. Esta motivación es la que le hace evolucionar y acabar convertido en un héroe de la rebelión.
Los personajes protagonistas deben regirse por un código moral o ético. Esto no quiere decir que tengan que ser santos ya que no todos los códigos morales son iguales y lo que para mí es ético para otra persona puede no serlo.
Lo que significa eso es que, como escritores, debemos conocer los límites y el código moral de nuestros personajes principales y hacer que se rijan por ellos. Esto nos ayudará también a desarrollar posibles conflictos internos y a mantener la coherencia de la que hablábamos antes.
No sé a vosotros, pero a mí nada me repatea más que la perfección. Me gustan las personas con defectos, manías, cicatrices, debilidades o traumas. Sin pasarse, claro, pero con sus cosillas. Eso es lo que hace a un personaje más humano y nos ayuda a identificarnos con él.
Por ejemplo, Superman es un personaje que sería perfecto de no ser por esas historias que han escrito algunos autores en las que se nos muestra como un ser frágil y vulnerable emocionalmente. No tanto por la kriptonita, que también es una debilidad pero mucho menos intensa si lo pensamos bien, como por su sensación de soledad (siempre será un ser único, extraño, diferente), sus ganas de encajar y el peso que tiene en su conciencia la responsabilidad, el miedo a no ser capaz de llegar a tiempo o a no lograr estar en todas partes a la vez. Estas vulnerabilidades son lo que hacen que el personaje me guste, que lo entienda. Tal vez no sepamos lo que es ser un extraterrestre con superpoderes, pero todos podemos identificarnos con sus emociones humanas y entender cómo se siente.
Esto no quiere decir que tengan que ser la bomba de agudos, siempre con la respuesta graciosa a punto, ni que sean súperinteligentes y lo sepan todo (eso de hecho suele provocar el efecto contrario y se hacen personajes repelentes). Pero sí es bueno que tengan una cierta inteligencia o, al menos, ingenio. Que nos haga sonreír. Un tipo que te hace sonreír es un tipo que te cae bien.
Y por último pero quizá de lo más importante: nada enamora más que el misterio. Saberlo todo del personaje desde el inicio puede ser como encontrarse con ese tipo que te cuenta toda su vida nada más conocerlo. Lo que queremos cuando nos interesa alguien es descubrirlo poco a poco, intrigarnos, preguntarnos qué hay detrás de ese silencio, de esa mirada triste que se instala durante un brevísimo instante en sus ojos. Ahí reside la magia.
Y hasta aquí mi receta para crear protagonistas inolvidables. ¿Qué opináis vosotros?¿Le añadiríais algún otro ingrediente?
>TIPOS DE PERSONAJES: LA IMPORTANCIA DE LOS SECUNDARIOS<
Como ya sabéis, para narrar una historia necesitamos personajes. Son un elemento imprescindible. Pero, ¿cuántos personajes necesitamos y de qué tipo?
En realidad, podría decirse que nos basta con un personaje protagonista (aquel a quien le suceden los acontecimientos de la narración) y una fuerza o personaje antagonista (que se opone a que el protagonista alcance sus objetivos o metas). Con esto sería suficiente para contar una historia.
De hecho, en el cuento, solamente se suele incluir a los personajes principales y cuantos menos haya, mejor. Pero si nos vamos a la novela u otras formas largas, añadir personajes secundarios a la ecuación le dará mayor profundidad a la historia. Por no hablar de lo útiles que resultan para conducir la trama hasta su desenlace.
Como en cualquier otro aspecto de la escritura, la construcción de personajes tiene infinitas posibilidades, pero existen una serie de roles habituales que nos pueden dar pistas cuando tengamos que construir nuestras historias:
El ayudante del protagonista
También podríamos referirnos a él como “el Sancho Panza”, el fiel escudero o amigo que sigue al protagonista en sus aventuras y le ayuda a conseguir sus objetivos. Es también el caso de Sam en El señor de los anillos o de Hermion y Ron en Harry Potter.
El ayudante del antagonista
Si el protagonista tiene sus ayudantes, por qué no el antagonista. Este secundario nos puede ayudar a crear nuevas tramas y obstáculos para que el protagonista crezca en su camino hacia el desenlace de la historia.
Un ejemplo de ayudante del antagonista lo encontramos también en Harry Potter en el personaje de Peter Pettigrew, apodado Colagusano, quien trabaja bajo las órdenes de Voldemort.
Aunque el personaje obstáculo suele ser el ayudante del antagonista, no siempre tiene por qué ser así. A veces hay personajes que, sin conocer al antagonista o sin tener relación con él, le resultan de ayuda porque obstaculizan el camino del personaje hacia su meta.
Por ejemplo, tomando otra vez el caso de Harry Potter, sus tíos y su primo, aunque no tienen relación con el antagonista Voldemort, se comportan como personajes obstáculo al intentar que Potter no logre sus objetivos.
Este rol es uno de mis favoritos y me gusta llamarlo “el Obi-Wan” porque, por supuesto, Obi Wan Kenobi es también uno de mis personajes favoritos de la saga de Star Wars (ojo, de las pelis antiguas. Las nuevas prefiero ni mencionarlas!! )
El papel del personaje de impacto es el de empujar al protagonista para que se ponga en marcha la trama. Cuando un personaje tiene dudas a cerca de si emprender un camino o no (como en el caso de Luke Skywalker al principio del Episodio IV) o se queda estancado porque no sabe qué decisión tomar, es el momento perfecto para introducir a un personaje de impacto.
Eso sí, no es necesario que este personaje le dé la solución directamente al protagonista. Es mucho más interesante si le da las pistas o la clave que le sirvan de ayuda para descubrir por sí mismo qué camino tomar. Es solamente un pequeño empujón; mejor que el mérito de la decisión recaiga sobre el protagonista para demostrar que está aprendiendo y evolucionando.
Por cierto, en muchas ocasiones el personaje de impacto recae en el arquetipo del sabio, un personaje con experiencia, edad y conocimiento que le da la pista al protagonista. Sin embargo, no tiene por qué ser así. A veces incluso suena la flauta de otra forma y un personaje secundario algo tonto puede hacer un comentario inocente que dé la clave al protagonista para dar con la solución al dilema o tomar su decisión.
Aunque se podría incluir en los personajes de impacto, el mentor requiere una mención aparte por sus peculiaridades, ya que su tarea no consiste solamente en darle la pista para resolver un conflicto concreto.
El mentor es un personaje que guía al protagonista durante un período mayor de tiempo y le transmite sus conocimientos en un momento crucial con la intención de devolver al protagonista a su camino correcto. Es el caso claro de Yoda en Star Wars.
No todo es blanco o negro y estos personajes que hemos mencionado no han de ceñirse a su rol exclusivamente. Es decir, a veces podemos mezclar diferentes tipos de personajes para crear nuevos papeles y añadir profundidad a la historia.
Un caso claro de mezcla de roles lo vemos por ejemplo en el seudovillano: el ayudante del antagonista o el personaje obstáculo que hacia el final de la historia se redime y se convierte en un personaje de impacto o en un ayudante que le echa una mano al protagonista para lograr su objetivo.
Por supuesto, esto solamente es una lista con algunos de los roles más usados para personajes secundarios, pero hay muchos más y cada historia requerirá los suyos.
¿Y vosotros? ¿Qué roles de personaje soléis incluir en vuestras narraciones? ¿Cuáles son los que más os gustan?
>CÓMO DAR PROFUNDIDAD A UN PERSONAJE<
Con frecuencia se dice que los personajes de tal obra son redondos o que los de aquella otra son planos pero, ¿qué significa esto exactamente? ¿Cómo podemos saber si nuestros personajes son planos o redondos? ¿Debemos crear siempre personajes redondos y dinámicos? ¿Cómo podemos hacer que nuestros personajes sean más creíbles?
Para responder a estas preguntas, empecemos por definir en qué consiste cada una de estas características y cuándo suelen aplicarse:
Son personajes que se caracterizan con muy pocos rasgos, recurriendo a clichés o estereotipos (si quieres leer más sobre este tema, puedes visitar la entrada del blog clichés en la ficción: cuándo evitarlos y cuándo emplearlos). Están al servicio de la historia y, por lo general, son estáticos, no evolucionan.
¿Cuándo usar personajes planos y por qué? Los personajes planos se suelen usar en comedias televisivas (las llamadas sitcom de 30 minutos con risas enlatadas) porque son historias que se centran en las anécdotas, en el chiste y buscan la sensación de familiaridad, sin complicaciones, recurriendo a patrones comunes que el espectador reconoce al momento.
También se pueden usar personajes planos como secundarios de una historia para lograr uno de los siguientes efectos:
Reconocimiento rápido: Necesitamos que el lector-espectador reconozca al instante el tipo de personaje ante el que nos encontramos.
Contraste: Un personaje plano y/o sin evolución de su personalidad puede funcionar como contraste para resaltar la personalidad o la evolución de otro de los personajes de la historia.
¿Cuándo evitarlos? En el resto de los casos. A no ser que busquemos específicamente uno de los efectos anteriores, es mejor intentar que nuestros personajes sean redondos (especialmente los protagonistas) para que el lector pueda identificarse con ellos.
Un personaje redondo es el que tiene profundidad, el que tiene virtudes, defectos, fortalezas, debilidades, miedos, sueños… Es un personaje bien caracterizado, tanto que parece real. Además, no es un personaje inconsistente ni estático, sino que es dinámico, evoluciona. A los personajes redondos les afectan los acontecimientos de la historia, sufren las consecuencias y cambian. Esto los hace más realistas y creíbles.
¿Cómo se construyen personajes redondos y profundos?
La mejor forma de saber si estamos ante un personaje plano o redondo es respondiendo a las siguientes preguntas:
1. ¿Sufre algún cambio interno a lo largo de la historia? Piensa en el estado del personaje al inicio. ¿Es el mismo que cuando termina? Haz que no lo sea, que evolucione, para mejor o para peor, pero la acción ha de afectarle de alguna forma.
2. ¿Sufre algún cambio externo a lo largo de la historia? De la misma forma que cambia su personalidad, también debería cambiar su situación externa. Por ejemplo: Luke Skywalker, en La Guerra de las Galaxias, cambia mucho emocionalmente a lo largo de la historia, pero también no es lo único que evoluciona, ya que empieza siendo un granjero y termina convertido en caballero jedi.
3. ¿Qué quiere? Tu personaje debe desear algo a nivel consciente, algo que le incite a actuar.
4. ¿Qué necesita? Al margen de lo que crea que quiere, hay otra cosa que el personaje necesita a nivel inconsciente, sin darse cuenta o sin atreverse a admitirlo, y es diferente a lo que quiere. Esta contradicción aporta profundidad al personaje.
5. ¿Qué consigue? Al final de la historia, ¿logra alguno de sus objetivos? ¿Cómo le afecta? Con la respuesta a esta pregunta puedes saber mejor cómo enfocar la evolución del personaje. Por ejemplo, si logra lo que quería en un principio pero no lo que necesitaba de verdad, puede darse cuenta de que estaba equivocado. Por lo tanto, aprende y mejora. Es una evolución.
6. ¿Cuáles son sus defectos, sus debilidades? Todo el mundo tiene fallos, miedos y puntos flacos. Si quieres que tu personaje sea creíble, más vale que los tenga también y, a ser posible, que tenga que enfrentarse a ellos. Que los supere o no ya depende de la historia que quieras contar y de cómo sea la evolución que quieras darle a tu personaje.
Por ejemplo, en la serie norteamericana The Wire (por cierto, MUY recomendable; de las mejores series que he visto en cuanto a caracterización de personajes) hay varios personajes que han de enfrentarse a sus debilidades. Algunos las superan y mejoran, otros no lo hacen y fracasan. A veces, el contraste entre ellos sirve también para reflejar mejor lo que se nos está contando y hacer la historia más creíble.
7. ¿Cuáles son sus fortalezas? Además de puntos débiles, el personaje también debe tener puntos fuertes que puede conocer o no. A veces los descubre y aprende a usarlos, a veces no y, de nuevo, fracasa. Pero tú como escritor sí tienes que saber cuáles son y es bueno que el lector los conozca también para que comprenda mejor al personaje.
8. ¿Cuál es su conflicto interior? He dejado esta pregunta para el final pero no porque sea menos importante, sino porque al responder a las anteriores será más fácil saberla. Todo buen personaje ha de sufrir un conflicto interior en algún momento de la historia; por ejemplo, un debate entre lo que quiere y lo que necesita, o una cuestión moral entre lo que persigue y lo que considera correcto. Este tipo de dilemas o de luchas con uno mismo son las que hacen a un personaje interesante, porque a través de su experiencia vivimos y aprendemos.
¿Qué os parece? ¿Se os ocurren otros aspectos a tener en cuenta a la hora de darle profundidad a los personajes? ¿Recordáis algún personaje que os haya marcado o con el que os hayáis identificado gracias a su caracterización?
Yo, a bote pronto, recuerdo al Conde de Montecristo, que me enganchó gracias a sus contradicciones, sus debilidades y sus fortalezas. Uno de esos personajes inolvidables que a todos nos gustaría escribir.
Fuente: www.literautas.com
Espero que les haya gustado. Para mi, los personajes son algo muy importante para una historia y al mismo tiempo es muy complicado crearlos de manera que sean originales, únicos, realistas y lógicos. Por ello, este es el tema que más suelo buscar por Internet (como habrán visto) para informarme bien y saber hacer buenos personajes.
¡Eso es todo, hermanos, gracias por leer!