En Febrero leí “El nervio óptico” de María Gainza. Es una lectura inteligente, sensible, íntima y profunda donde se mezclan libros/arte/experiencias que por momentos me hicieron reír y en otros llorar. No pertenece a un género específico, es una narrativa híbrida entre ensayo y biografía. Me hizo reflexionar sobre la vejez, tema a discutir tomando té/café con amigas(os), familia y ustedes mis queridos lectores. ¿Quién me acompañará en esa etapa? Lo que más deseo, si llego a vieja, es estar acompañada de mujeres bellas que nos juntemos con cualquier pretexto como a jugar cartas. Comparto esta cita: «Esa noche, cuando me metí en la cama, llamé a Fabiolo (mi amigo) y le pregunté en qué clase de vieja pensaba que me iba a convertir: (…)Podía ser de las que cortan los hilos con la realidad, como la vecina que saca a pasear el lampazo (trapeador) como si fuera un caniche; o de las que se apagan tan despacio que un día mirás y solo queda el colchón hundido; o de esas odiosas a quienes ni los gatos se les acercan; o de las bendecidas por la genética, que llegan intactas a los noventa y se fastidian cuando olvidan alguna palabra tonta como bastón o salero.» ¡Dios! ¿De cuál seré?