10 Magazines to Send Your Short Fiction for Publication
I thought this list might be helpful for all my followers that write short fiction. I pulled these 10 magazines from Duotrope’s list of “top 100 most approachable fiction markets.” Approachable means they have a relatively high acceptance rate compared to other markets in Duotrope’s database.
I’m not endorsing these magazines and I haven’t vetted them, I’m just sharing for anyone who can’t or doesn’t want to pay the $5/month subscription fee for Duotrope. You’ll need to look them up and find out what kind of stuff they want, deadlines, word count limits, etc.
Adelaide Literary Magazine
Scarlet Leaf Review
50-Word Stories
Potato Soup Journal
Fiction on the Web
Writers Resist
X-R-A-Y Literary Magazine
Theme of Absence
Utopia Science Fiction Magazine
Bewildering Stories
Spelk
Remember that if you submit to one of these and they reject you it doesn’t mean anything. Even though they are considered “approachable” a lot of things can skew those statistics, and there are lots of reasons editors reject stories (not enough space, not their style, too similar to another story in the same issue) that has nothing to do with the quality of your writing. Whatever you do don’t stop writing.
Soñé con un futuro de bosques espesos y paneles solares. Un futuro en el que el horizonte sea verde, azul, incluso violeta, como lo nombra T.S. Eliot a la hora del atardecer, y en el que no haya que esperar a un día de lluvia para darme cuenta de que Dios determinó que el mundo debe estar pintado de colores.
Las Potencias del Eje decidieron que el futuro será verde y autosustentable. Las ciudades, resplandecientes, estarán pensadas en un sistema de cero emisiones a corto plazo. No renunciaremos a los rascacielos, al contrario, estos se erguirán como los ziggurats en medio de los jardines colgantes de Babilonia porque, ¿qué puede ser más noble que el pasado más remoto?Todos los medios de transporte funcionarán a base de energía eléctrica y la carne animal será sustituida por tofu vegano. Nadie tiene que saber que la proteína de la que se alimentarán los trabajadores está hecha de los miembros de su misma especie. Por supuesto que habrá recesión económica durante unos años y los hijos de la mayoría no podrán disfrutar de esa obra magnánima que representa cambiar el porvenir. Una de las funciones de la publicidad es recordar que el futuro verde sólo va de la mano de pieles blancas y sueldos de más de veinte mil euros al año. ¿Con qué dinero crees que se compran los autos eléctricos?
La publicidad también servirá para que no olvidemos el mensaje más importante. “Compra. Compra el último Mercedes autónomo-dron, compra telas recicladas de PET, compra la nueva tableta de energía corporal vía Amazon. No dejes de comprar. Por lo que más quieras, no dejes de comprar, la supervivencia de la especie depende de ello.”
Éste no es el futuro con el que soñé. Pero ellos ya lo han vislumbrado y no dudan en construir los primeros escalones hacia él.
En agosto visité la principal planta de Volkswagen en Alemania, en la ciudad de Wolfsburg. Tuve la sensación de que algo estaba mal con las colinas verde chillante y las torres llenas de autos eléctricos listos para ser comprados. En las ciudades alemanas no se ven autos de más de cuatro años y eso me llevó a pensar en los niveles de consumismo de las sociedades que ya están transitando a las energías no fósiles.
Hace poco descubrí que a eso que viví se le llama solarpunk. Mis pensamientos sobre ciencia ficción siempre terminan con un tono fatalista. Me pregunto si todas las ucronías están condenadas a serlo..
Las primeras imágenes de Dune 2020 llegaron para cumplir la promesa de adaptar quizá la más icónica novela de la ciencia ficción de los años sesenta. Los seguidores de la saga y el propio director, Denis Villeneuve, estamos conscientes de la dificultad que implica llevar el clásico a la pantalla. ¿De qué trata Dune? ¿Por qué es tan complicado meterse con él y por qué tuvieron que pasar más de cincuenta años para que el Mesías llegara? En este texto haré una breve reseña de la saga y de las razones por las que nadie hasta este momento ha logrado domar al gusano de arena. También intentaré mostrar algunos de los retos que Villeneuve y todos los responsables del proyecto deben afrontar para hablar de Dune en el año 2020.
Me gustaría empezar con la idea de que Dune es una novela de ciencia ficción dentro del género del space opera. Con ello me refiero a que la historia se entiende mucho más como una épica aventura de príncipes galácticos e intrigas políticas que un reflexión especulativa acerca del progreso científico. Desde un inicio, Frank Herbert evita que la atención se centre en la tecnología: la historia se desarrolla en un futuro después del Jihad Butleriano, la rebelión de los hombres en contra de las computadoras y las inteligencias artificiales. El Primer Mandamiento de la Biblia Católica Naranja dicta: “No construirás una máquina a semejanza de la mente humana”. Después del Jihad, se funda un nuevo orden en la galaxia entre tres poderes, el Imperio, la Cofradía y las Grandes Casas. Dentro de este frágil orden, el planeta más codiciado es Arrakis, un planeta sin agua y al mismo tiempo la única fuente en toda la galaxia de la especia o melange, una droga altamente adictiva que eleva los poderes cognitivos del consumidor. El duque Leto Atreides es quien logra comprar al Emperador el control de Arrakis, arrebatándolo de la casa Harkonnen y desatando una guerra entre ambas casas: la lucha es clara, quien controla la especia, controla la galaxia.
La trama se centra en Paul Atreides, el hijo de Leto y Dama Jessica, una concubina entrenada bajo la orden femenina de las Bene Gesserit. Paul es el resultado del plan genético que las Bene Gesserit han llevado a cabo durante siglos: el Mesías, el Kwisatz Haderach, un varón cuyos poderes mentales puedan hacer de puente entre el espacio y tiempo. Cuando la guerra entre Harkonnen y Atreides comienza, Paul y Dama Jessica se ven obligados a huir hacia el desierto con los nativos de Arrakis, los Fremen. Es ahí donde empieza el camino místico de Paul para convertirse en Mahdi, el profeta de los Fremen, quién emprenderá un nuevo Jihad en el universo y entregará al pueblo de Arrakis el paraíso.
Espero que esta introducción pueda dar una idea de lo que implica adentrarse en Dune: el mundo de Herbert está claramente definido cuando una llega a él. Es un mundo que fascina a las legiones de gente que adora la ficción especulativa, quizá no tanto a espectadores que no tienen la paciencia para entender cómo funciona un sistema de fantasía. Herbert respeta la regla de oro de la ciencia ficción cuando nos introduce a su mundo: él muestra y no dice. Cuesta un rato familiarizarse con los nombres de las familias y con la jerga basada en el lenguaje árabe (razzia, aba, Mahdi, bourka, shaitan, jihad). Pero después de superar el desconcierto inicial, una se encuentra con las descripciones de la vida en el desierto, y una conmovedora reflexión ecológica acerca de las prioridades de las guerras, siempre por encima de las necesidades humanas básicas.
El centro de la novela es el viaje de supervivencia de Paul y su conversión entre los Fremen (léase en inglés para comprender las implicaciones detras del nombre). A pesar de que en 2020 la historia de un hombre blanco que se convierte en el líder de los nativos de un planeta pueda ser problemática, creo que Herbert hace una construcción de la cultura que brilla por la ausencia del sesgo colonial, en la medida de lo posible. Los Fremen son la fuerza ética de la novela: es el único pueblo capaz de sobrevivir al desierto y lo han hecho a partir de la tecnología del traje receptor de agua y de borrar las fronteras del yo. En una historia en la que la religión y el lenguaje árabe brillan en todos lados, no se encuentra ninguno de los rasgos negativos que suelen atribuirse a los pueblos árabes de medio oriente. Por el contrario, Herbert busca despertar el sueño ambientalista al mostrarnos a una sociedad compasiva y respetuosa ante la naturaleza, que sólo ha logrado ese orden al verse desprovista de agua. Herbert escribió su epopeya ecológica en los años sesenta, cuando el desastre no había explotado en el rostro de las sociedades con la evidencia del ahora. Este año, más que nunca, el regreso a Dune cobra sentido, si se acepta que la ciencia ficción puede enseñarnos algo de nuestro presente más que de nuestro futuro.
La complejidad del universo de Dune y la multiplicidad de temas que se abordan en las páginas han sido razones suficientes para dar dolores de cabeza a los directores que se han acercado a él. Sospecho que hay algo más que explica las anteriores derrotas, Dune tal vez es psicodélico en extremo, adecuado quizá para la discusión de foros en internet, pero con demasiados magos y profetas para ser tomado en serio por los estándares realistas de la literatura y el cine. Otra razón es que no todo en Dune son virtudes: tenemos el desgaste de la saga cuando el hijo de Herbert tomó el mando, las inconsistencias detrás de las novelas, notorias a la primera lectura y un desfile de personajes con los que cada vez es más difícil conectar. El primero de los intentos de adaptar Dune al cine fue el proyecto inconcluso de Alejandro Jodorowsky, uno de los más grandes what if del cine de ciencia ficción. En lo personal, cuando leo acerca del proyecto no puedo pensar en otra cosa que en una guerra de egos, siempre peligrosa cuando de adaptaciones se trata. De haberse logrado, tal vez tendríamos una gran película a costa de dejar la novela sepultada bajo el nombre de tantas personalidades. En todo caso jamás lo sabremos, y hasta hace poco estábamos condenados a conformarnos con la incómoda versión de David Lynch y a intentar defender lo indefendible (”¿Por qué estoy viendo a un señor como Kyle Maclachlan interpretar a Paul?”). Existe también una miniserie del 2003 que nadie considera digna de mencionar y que sólo nos queda como testimonio de que Dune está hecho de un material de difícil plasticidad. Por cierto, James McAvoy es Leto Atreides en esa segunda adaptación, dato que acabo de conocer al buscar información en Wikipedia.
Denis Villeneuve fue el profeta en medio del desierto quien reunió el valor para regresar al clásico inadaptable. Su sensibilidad en ciencia ficción, plasmada en sus éxitos Arrival (2016) y Blade Runner 2049 (2017), nos hacen pensar que si hay alguien capaz de romper la maldición de Dune, es él. Con un elenco de ensueño, Timotheé Chalamet a la cabeza como Paul Atreides, seguido de nombres como Rebecca Ferguson, Oscar Isaacs, Stellan Skarsgård, Zendaya, Javier Bardem y Jason Momoa, Villeneuve promete algo grande en esta bilogía. No es casualidad que Dune resurja después del patético ocaso del gigante del space opera que no podría haber existido sin él. Me refiero por supuesto a Star Wars. Las similitudes entre ambas historias (un planeta desértico, la orden Jedi versus la orden Bene Gesserit, un protagonista profético, el maligno imperio galáctico) han sido reconocidas desde siempre por los seguidores y por Herbert mismo, quien con humor fundó su asociación “We are too big to sue George Lucas”. Después del resultado que trajeron las secuelas de Star Wars, no puedo menos que sospechar ante la idea de una adaptación de Dune en el año 2020 de nuestra era. Dentro de la lógica cultural actual, el poco ortodoxo Dune deberá ser digerido y adecuado para ser consumido por el público, consumo que sólo se acepta traducido en ganancias millonarias. Tal adecuación implica pasar a Dune bajo el rayo de la corrección política y el feminismo liberal, tendencia que ha producido monstruos como Rey Skywalker y que no imagino el desastre que puede generar en Dune. La participación de talentosos actores no blancos y el enfoque que seguramente tendrán Dama Jessica y Chani no tienen nada de malo en sí, pues los personajes ya estaban representados de ese modo en la novela. Cuando las películas se convierten en el vehículo para lavar la imagen de las productoras mediante el uso de los cuerpos de minorías es cuando la narrativa se subordinada a aliviar la moral sentida de un individuo que no hace nada por una auténtica inclusión. También detecto una posible ampliación del público al cual estará dirigida la adaptación. No hace mucho que el fenómeno de Game of Thrones probó que las historias de intrigas políticas y fantasía se pueden masificar, ¿y qué es Dune si no una historia de intriga política y fantasía que influyó a George Martin más de lo que él quisiera reconocer? Éste no es el lugar para explicar lo que ha costado al arte de la narración una adaptación en la época del capitalismo decadente y todavía queda por verse si la actual crisis nos permitirá disfrutar del estreno este año.
Por ahora, creo que nos queda tomar en consideración todos los factores por los cuales Dune siempre ha sido ese bloque incomprensible en la ciencia ficción y recordar que la posibilidad de que permanezca siéndolo es grande. Aun tenemos varios meses para leer la trilogía básica: Dune (1965), Mesías de Dune (1969) e Hijos de Dune (1977), las primeras tres partes de las Crónicas de Dune, escritas por Frank Herbert. Espero que esta reseña los motive aun más a regresar a esta obra; finalmente, la adaptación de Villeneuve ya tiene la virtud de hacernos hablar de Dune en estos tiempos apocaliptícos.
No he leído toda la ciencia ficción que desearía y que aguarda en mi librero, impaciente y celosa de la filosofía, pero sí la suficiente como para sentir que he estado preparada durante todo este tiempo para El Evento. El Fin del Mundo. La Caída. El Apocalipsis. Cada autor tiene su nombre predilecto para el momento en que una amenaza externa hará consciente a la humanidad de su propia fragilidad, acabará con la sociedad tal y como la conocemos y, con suerte, abrirá una puerta para otro camino, esa puerta cuya existencia el capitalismo niega con desesperada insistencia, como un niño que busca proteger su castillo de arena de la marea creciente.
Nunca he dejado de preguntarme, e incluso desear que la amenaza externa sea real. Es cierto que paso demasiado tiempo entre libros y fantasías que constituyen mi única preocupación. Debería ir a buscarme unos problemas de verdad como los que aquejan a los demás. También es cierto que me niego a pensar que el trabajo mecanizado será el único engranaje de los años venideros. Por momentos deseo ver un acontecimiento que irrumpa la cotidianidad y la parta en dos, tres, los pedazos que sean necesarios para acabar con la verdad de que todo es uno y lo mismo. Por favor, qué los aliens existan. Qué alguien me despierte de la Matrix. Sólo quiero conocer la magia, quiero ver algo milagroso, sobrenatural, por un vez. Niña malcriada, siempre insatisfecha.
Mis meditaciones en tiempos de ocio se tornan más abstractas que las imágenes de naves espaciales al rescate. David Mitchell me ha enseñado que The Event nunca sucederá como tal; por el contrario, son nuestras acciones las que nos conducirán al punto sin retorno. Cuando seamos conscientes de haber traspasado ese límite, también entenderemos que no existe tal límite. La única forma de cambiar las cosas era haber actuado de otra manera desde siempre, elegir el camino correcto ahora, no esperar a descubrir las consecuencias funestas para generar remordimientos ¿Y cómo podemos elegir otro camino siendo una gota en medio del océano infinito? Mitchell nos ofrece sólo un aforismo para consolar el dilema ético. “¿Qué es un océano, sino una multitud de gotas?”. Sobra decir que el aforismo no ofrece respuestas más allá de la maravilla momentánea que se obtiene al doblar la última página de El Atlas de las Nubes. Estamos atrapados en medio de este océano sin siquiera entendernos con nuestras gotas congéneres, mucho menos puede haber esperanza de llegar a un acuerdo para cambiar el rumbo de la corriente.
Es por ello que la posibilidad de la amenaza externa se vuelve seductora. En el fondo también existe la sospecha de que tal entendimiento es imposible. Hay algo podrido en la naturaleza humana que la hace incapaz de resolver sus propios problemas. Esa es la resolución que Ye Wenjie alcanza durante los días más obscuros de la Revolución Cultural de Mao.
It was impossible to expect a moral awakening from humankind itself, just like it was impossible to expect humans to lift off the earth by pulling up on their own hair. To achieve moral awakening required a force outside the human race.
Ye Wenjie tenía razón. Se requiere de una amenaza externa para comprender las verdades más elementales. El sistema es frágil y se sostiene a costa del sufrimiento de la mayoría. El sistema no es eterno, pues nosotros no lo somos. La mayoría de los problemas podrían ser solucionados con eficacia pero no están en la agenda política de nadie. Por primera vez ha ocurrido algo parecido al Apocalipsis de las historias, o al menos es un suceso lo suficientemente poderoso como para paralizar vuelos e instituciones internacionales, nuestra preciosa globalización y la sagrada economía que, aún se debate, es más valiosa que la salud. Mientras intento sobrevivir las ondas de calor y luchar contra la capa de polvo que se cuela por las ventanas de mi cuarto de aislamiento, comprendo que ambos resultados que se esperan para esta crisis son devastadores. O bien, la amenaza externa es real y acabará con la cotidianidad que hasta este momento nos permitía sobrevivir. Encaramos un mal imprevisto que rebasa toda capacidad humana y estos son nuestros primeros pasos hacia la Caída. O bien, la amenaza externa pasará. Algunos morirán, vendrá la vacuna, y seremos capaces de reconstruir el orden, pieza por pieza. Los aliens y los virus desarrollados en laboratorios por científicos dementes no existen; no hay necesidad de que la imaginación se desborde, ya que estamos condenados a acabar con nosotros mismos, por nosotros mismos.
¿No es ese el pensamiento reaccionario que en primer lugar nos condujo a esta situación? No hay otro modo de vivir, ni siquiera pienses en ello, preocúpate de ti y los tuyos. ¿Yo misma estoy cancelando la posibilidad de una tercera vía? La tercera posibilidad es que la crisis cambie de raíz la cotidianidad viciada que nos ha convertido en esa especie a la que sólo mueve el hambre de más y que no conoce un mundo sin comodidades. Pero en momentos como éste, cuando intento determinar la causa por la que las personas no escuchan a la ciencia por voluntad propia, no puedo menos que compartir el pesimismo de Ye Wenjie y su decisión egoísta contra toda la humanidad. La línea entre la comprensión intelectual y el utilitarismo psicótico es delgada y es sorprendente la facilidad con la que el filósofo se convierte en tirano. ¿De verdad merecemos la oportunidad de un tercer camino, como especie? Tal vez el castigo de la amenaza externa sea lo único que pueda purificarnos.
Estos días he pensado demasiado en The Three-Body Problem y el texto salió más obscuro de lo que en verdad me siento. Planeo una reseña de ese libro pero por lo pronto basta con decir que habla con mucho detalle acerca de una organización de científicos que pierden la razón y deciden llamar a los extraterrestres para que exterminen a la humanidad.
Stephen King tuiteó el día de ayer que es época de Star Wars y que eso le recuerda a una canción de Bob Dylan, "People got a lot of knives n’ forks...and...they gotta cut somethin". Sí, la gente siempre va a tener algo que criticar, sobre todo tratándose de Star Wars. Pero en el caso de una película que se presenta tan intencionadamente mal hecha, creo que las reacciones están más que justificadas. El episodio IX de Star Wars no parece tener otro propósito que hacernos pasar el peor día de nuestras vidas a los seguidores que le dimos el beneficio de la duda, a pesar de la paliza que hace dos años nos dio The Last Jedi. Mi texto no está libre de spoilers, así que pueden leerlo sólo si ya han pasado por esta experiencia nada grata.
Debo reconocer que estoy hablando como una fan más de la serie, no como una crítica, ni como una persona objetiva. Dicho eso, no puedo enlistar y ni siquiera vislumbrar todos los niveles y aspectos en los que The Rise of Skywalker falla y se convierte en la peor película de esta trilogía. Desde hace unos días, los críticos y los fans, gracias a los leaks que de alguna forma terminaron en la web, ya habían detectado la raíz del problema. Parece que en Lucasfilm, Kathleen Kennedy alguien sentó a JJ Abrams y a punta de pistola le encargó la tarea de arreglar el tren descarrilado que Rian Johnson dejó, a como diera lugar. JJ determinó que la única manera en que se podía apagar el fuego del descontento de los fanáticos, que llevó a cancelar el proyecto de Disney de una película de Star Wars por año, era complacer a todos. De esta manera, The Rise of Skywalker resulta una amalgama de hechos sin sentido, que grita por todos lados “Perdón por el desastre, perdón por haberlos llamado trolls, por favor no dejen de comprar entradas para las películas”. La película contiene elementos para intentar consolar a todo segmento dentro del fandom, todo aquel que haya deseado ver algo en las películas y lo haya externado en algún momento en internet. ¿Quieren saber quienes son los padres de Rey de verdad? Rey sí es alguien después de todo. ¿Pero también quieren a Rey Skywalker? La tienen. ¿Quieren su Reylo? Lo tienen. ¿Pero también odian a Kylo Ren? No hay problema. ¿Qué querían ver a un Finn con habilidades Jedi? Listo. ¿Quieren ver al Luke original? Lo tienen. ¿Todos odiaron al personaje de Rose Tico en The Last Jedi? Sáquenla del guión. JJ Abrams mostró su subordinación ante un fandom dividido y harto, y, más importante mostró sus verdaderos colores: Tienen miedo de dejar de vender, es lo único que les importa. Pero, cómo, por dios, cómo puede alguien estar tan corto de visión, tan falto de creatividad, cómo pueden entender tan poco del universo de Star Wars para fallar tan grandiosamente en complacer a todos, queriendo hacer eso.
Estas personas intentaron vender el Episodio IX como el cierre de toda la saga Skywalker, cuando lo que estas películas más hacen es pasar por encima de la historia original y arruinar todo lo que uno cree sobre ellas. Las precuelas eran malas, pero al menos ellas dejaron relativamente en paz el trabajo de la primera trilogía. Pareciera que JJ y Rian sólo nos quieren hacer sentir como unos tontos por creer ciertas cosas acerca de un universo ya establecido, o que sólo quieren burlarse de nosotros por creer que Star Wars era acerca de la esperanza, del amor, de no darse por vencidos. ¿Por qué habríamos de pensar eso? ¿Esperanza, en Star Wars, dónde? No contentos con arruinar el universo y el marco narrativo de años, nadie nunca en Disney pensó que tendría que molestarse en escribir una trama. Literalmente no puedo creer que nunca nadie se haya reunido en una habitación para solucionar una cuestión elemental: habrá una nueva trilogía, tres películas, episodios VII, VIII y IX. necesitamos saber de qué va a tratar esto. Entonces, por más que uno se esfuerce, por más que uno intente bajar las expectativas y apagar el cerebro y disfrutar de su Star Wars sin más, no hay manera de sobrevivir mientras JJ por un lado aniquila todo en lo que crees, y por otro, intenta hacerte sentir algo por personajes terriblemente escritos y por una trama que no va a ningún lado.
Dado el estado de caos, sólo me voy a centrar en las tres peores lagunas narrativas que encuentro en la película. No hablaré de la ausencia de duelos lightsaber memorables, de escenas culminantes, del horrible tratamiento de personajes (cofcof Rose Tico, cofcof General Hux), o del insostenible ritmo narrativo de la trama; esos son errores de la película en sí misma que valen para un texto separado y para mi (y muchos más) el problema más grande con estas secuelas ha sido la falta de planeación. A estas alturas, no creo que nadie pueda defender que Palpatine estaba programado como un suceso culminante de la saga. Es evidente que nunca fue el plan y la película no ofrece una sola explicación de por qué el Emperador está de vuelta o cómo sucedió, y no sé por qué confié en que se molestarían en hacerlo cuando escuché la risa en el trailer. Palpatine no encaja en la historia, no es claro cuál es su objetivo y el intentar explicarlo sólo hace surgir las inconsistencias detrás de tres películas que no fueron articuladas como una trilogía en primer lugar. El recurso de reemplazar al bad villain de Snoke con él es triste, es patético, es una burla, todo al mismo tiempo. Entiendo que la muerte de Snoke haya sido la peor decisión narrativa en la historia moderna de los blockbusters, que haya arrinconado a JJ, y que sea algo con lo que vayamos a tener que vivir de aquí en adelante. Pero al menos tuve dos años para hacerme a la idea de que esa había sido la decisión y que episodio IX tendría que partir desde ahí, sin Snoke, con Kylo Ren como un villano principal. Cómo va a llenar Kylo Ren los zapatos de Supreme Leader siendo el desastre emocional que es, y con Hux queriendo apuñalarlo a la primera oportunidad, cómo va a arreglarse con Rey mientras ella está en el polo opuesto de la Resistencia . Eso es lo que estaba esperando dado que en eso había terminado la maldita película, no contaba con tener que soportar ver a Palps de vuelta somehow y que encima JJ se atreva a declarar que ese fue el plan desde siempre. Y por supuesto, tampoco contaba con tener que asimilar la idea de Rey Palpatine. Oh, dios, Rey.
No entiendo cuál es el punto de nombrar a tu película THE RISE OF SKYWALKER, tener un personaje que literalmente es el último Skywalker, hijo de Leia Organa, sobrino de Luke Skywalker, nieto de Anakin fucking Skywalker, quien durante dos películas ha ido trastabillando de la oscuridad a la luz, y que al final resulte que el ascenso de Skywalker se refería a Rey porque...sí. Rey, quien por alguna razón en verdad es descendiente de PALPATINE (¿cómo? ¿cuándo...? ¿que Palpatine qué...? ) a pesar de que en la película pasada se hizo la revelación de que Rey es nadie. No sé como JJ esperó que aceptaríamos sin más su modo de “enmendar” esta decisión al ignorarla por completo, pues para bien o mal, es uno de los momentos memorables de TLJ. No intento defender a Rian Johnson y yo misma recuerdo cómo la revelación de Rey nobody acabó con algo en mi para siempre. Pero si la historia ya tomó ese ritmo, si Rey lo único que quiere es pertenencia, una familia, hacerse un lugar en la historia, ¿cómo infiernos esperan que me trague que la señorita es descendiente de un hombre que hizo la misión de su vida manipular a otra familia que definitivamente no era la suya para consolidar su imperio? Por otra parte, el reproche de que Rey es una Mary Sue no me golpeó hasta esta película. Es bastante aburrido, frustrante y horrendo ver cómo Rey es la Jedi perfecta, la piloto perfecta, que ninguna de sus decisiones representa un problema. Ni siquiera su amor por Kylo le trae los conflictos que debería, una Jedi enamorándose del Supreme Leader, la Resistencia seguramente tendría mucho que decir, pero jamás vemos que haya un reto verdadero para ella en toda la trama. Tal vez el único momento en que me tragué que había un poco de oscuridad en ella fue cuando apuñala a Kylo en un descuido, pero en general, nunca entendí cuál es el camino del héroe de Rey, si es que tuvo alguno. Rey es una scavenger con poderes increíbles (todos los poderes de la Fuerza habidos y por haber le pertenecen a ella), quien busca a su familia....quien resulta ser el Emperador....para que al final ella adopte el apellido Skywalker. En verdad, no sé quien leyó el guión de The Rise of Skywalker y creyó que era una buena idea.
En medio de la tormenta, siempre creí que había un solo hilo conductor de este desastre de películas. Kylo Ren es el único personaje con dimensión en estas secuelas y Adam Driver hizo un trabajo titánico al lograr sacarle credibilidad a los guiones, y en particular al último. No es casualidad, parecía que Kathleen Kennedy y JJ lo único que tenían claro era qué clase de villano querían construir y hacia donde querían llevar su historia. Un niño que más que querer conquistar la galaxia, sólo es emocionalmente volatil y que vive a la sombra de su abuelo. El linaje de Ben, el hecho de que sea incapaz de llenar las expectativas que el lado oscuro tiene para él, y la aparición de Rey, su igual en la luz, apuntaban al camino de la redención, y es algo que creí desde la primera película hasta el momento en que el título,THE RISE OF SKYWALKER, fue revelado. No obstante, en verdad tuve que sentarme a ver una película donde Ben Solo es lanzado a un precipicio mientras la heroína se encarga de derrotar a Palpatine en persona. Todos los Jedi le hablan a Rey porque ésta es la era de los personajes femeninos empoderados, ¿por qué razón Anakin Skywalker tendría que tener unas palabras para su propio nieto, quien ha pasado la mitad de su existencia rogando por la guía de su abuelo? Más allá de si Rey tenía derecho o no a robarse el clímax, no tiene sentido que durante tres películas nos hayan metido en la cabeza que Kylo Ren y Rey son iguales en la Fuerza, luz y oscuridad, ying y yang, luna y sol, para que al final no haya habido un enfrentamiento de iguales y la redención prometida. Sobre este punto, sólo tengo halagos para Adam Driver, quien con su actuación fue capaz de hacerme feliz en medio de esta pesadilla. Adam Driver, desprovisto de líneas en el enfrentamiento final, en medio de un guión que no hace sentido por ninguna parte, aun así fue capaz de transformarse mediante puro lenguaje corporal en Harrison Ford, en el mismísimo Harrison Ford que ni la película Solo, ni los personajes raquíticos de Finn y Poe lograron emular. Espero que JJ Abrams y Kathleen Kennedy hayan sentido en sus huesos el momento en que las audiencias enloquecieron cuando Ben Solo recibe el sable de Rey para enfrentarse a los Caballeros Ren. Ahí va el único personaje con el que logramos conectar, sí, el único personaje por el que la gente pagaría otra entrada para el cine, o una suscripción para Disney+. Pero ahora Ben Solo está muerto y con él morirán los millones, lo único que quería Disney de Star Wars.
Por ahora, sólo nos queda intentar olvidar este tren descarrilado. Ya surgen en Tumblr y Reddit los análisis más agudos que señalan los problemas de edición y las decisiones de última hora que llevaron al desenlace anticlimático que obtuvimos. En lo personal, creo que es más frustrante tener a la mano los datos de lo que The Rise of Skywalker pudo haber sido, si ésta no fuera la era del feminismo y del internet. La única resolución que he obtenido del final de la saga Skywalker es que no volveré a consumir entretenimiento que se desarrolle en la lógica cultural del capitalismo avanzado. Si quiero entretenerme, tendré que hacerlo yo misma, o tendré que recurrir a las historias menores de oriente y de fantasía que aun se resisten a ser devoradas por el capital. Tal vez de ese modo, podremos volver a ver a nuestros héroes completar su camino.
Desde su publicación en 1986 se ha discutido hasta el cansancio, sin llegar a ninguna conclusión definitiva, qué es lo que hace que It de Stephen King mantenga su halo de fantasía de terror a lo largo de generaciones. Aficionados a la cultura pop, críticos literarios, los propios colegas del autor, entre mucha gente más, nos hemos preguntado dónde radica la verosimilitud de un relato acerca de una entidad cósmica, la personificación del miedo, que adopta la forma de un payaso para alimentarse de niños. En 2017, Andy Muschietti mostró que la historia está más fresca que nunca. Con un elenco de ensueño, Muschietti nos hizo volver al mundo de los Perdedores y mediante su visión logramos atisbar, por un momento, los fuegos fatuos que dan sentido a esta historia. Las expectativas en torno a la segunda parte subieron después de que Andy y Barbara Muschietti probaron ser capaces de traducir el lenguaje crudo y políticamente incorrecto de la novela a la pantalla. Contra todo pronóstico, algo salió muy mal en la conclusión y tenemos que hablar de ello. Esta reseña no está libre de spoiler, así que recomiendo leer una vez que ya hayan pasado esas tres dolorosas horas en la sala de cine.
Una de las causas por las cuales es tan difícil determinar por qué It funciona es que la novela no tiene un único elemento que la pone en marcha. En más de mil quinientas páginas, Stephen King relata, en dos líneas temporales intercaladas, el enfrentamiento de los Perdedores contra esa entidad, primero en el verano de 1958 y casi treinta años después, en 1985. King dedica cada capítulo a construir la trama y al mismo tiempo diseccionar a un personaje, no sólo a los Perdedores, sino también a una larga fila de secundarios, todos de alguna manera relacionados con It y con Derry. No es posible decir cuál es el tema principal de la novela, existiendo tantos en ella y tratados con la inteligencia del autor (a todas las personas que se sientan intelectualmente superiores como para leer este best seller, en serio, háganse un favor y dense el tiempo de juzgar por sí mismos). En It se analiza al miedo y los diferentes modos en que éste se manifiesta ante y dentro de nosotros. Se critica el racismo y la violencia inherente a la sociedad norteamericana, y se narra cómo es la vida en un pueblo conservador de ese país disfuncional: It es Derry y Derry es It, la entidad se sirve de los prejuicios y odio de los habitantes para cumplir su fin de devorar a los niños y es verdad que todos en Derry flotan. Sin embargo (y creo que muchos estaremos de acuerdo), It sobresale por su retrato del paso hacia la edad adulta. No es la única historia de iniciación ni será la última pero hay algo en la idea de una promesa infantil y el regreso de los adultos hacia esa promesa, que nos mantiene atados a las páginas. Y es porque todos somos capaces de vernos en los Perdedores, en sus debilidades y carencias. No es verdad que el miedo se terminará, que las cosas van a mejorar. El miedo sólo transmuta en sentimientos más abstractos, demonios más personales y letales que un hombre lobo. Por supuesto que el reto de Muschietti en la conclusión era hacer un retrato de la motivación de nuestros protagonistas, treinta años después del primer enfrentamiento. Cuáles son sus miedos ahora, cuales son sus defectos, y qué es lo que permanece de los niños que fueron, si es verdad que algo permanece. Andy tenía mucho por hacer, pero ante todo, tenía la tarea de construir a los héroes, ahora sin el carisma y el encanto de los actores jóvenes. No hay nadie en esta tierra que se pueda resistir a Finn Wolfhard o a Sophia Lillis, pero ¿cómo construyes a un héroe sin las virtudes de la juventud, la belleza, la inocencia y la esperanza de un futuro? La razón por la que Andy falló en retratar la versión adulta de nuestros personajes es que en general es difícil hacer que el héroe de tu historia sea alguien entre los treinta y los cuarenta años y mucho más si ya lograste una química perfecta con el elenco adolescente en la película pasada. Entonces, el reto era pensar cuáles son las características y problemas de los personajes adultos con los que puede conectar la audiencia, cómo vas a hacer creíble que estos señores abandonen sus vidas para enfrentar a un payaso, y más aún, cómo es creíble que aún le tengan miedo. En It Parte 2 no vemos un retrato de la crisis adulta, de las decepciones, de las dificultades a las que uno se enfrenta una vez que la magia ha desaparecido de nuestro mundo. Prácticamente no sabemos nada de la vida de los Perdedores en la actualidad y el único modo en que la película busca que conectemos con ellos es mediante los flashbacks de sus alter-ego adolescentes. Pero si tus protagonistas ahora van a ser estos adultos que regresan a un pueblo que ni siquiera recuerdan, es porque algo no funciona en sus vidas actuales, hay algo del pasado que finalmente los ha alcanzado y no encuentro ningún momento en la película donde se haya podido ver eso. Analicemos por partes algunos de estos errores
Sigo sin entender qué tenían Andy y Barbara en la cabeza mientras escribían al Bill Denbrough adulto. El personaje falla en todo, aun después de la conmovedora interpretación de Jaeden Martell en la primera parte y de que hayamos contado con James McAvoy para el papel. La decisión de quitar a Audra de la historia (me imagino que motivada por presupuesto, o por falta de tiempo en una película de tres horas) deja al personaje sin ninguna motivación clara para volver a enfrentar al monstruo, y sin el halo del héroe y líder que une místicamente a todo el grupo. Bill es el único de los niños que tiene algo personal contra It, It le quitó a su hermano. ¿Y qué pasa treinta años después? It vuelve a atacar a Bill y para destruirlo y destruir al grupo, se lleva ahora a su esposa. Toda la trama de Tom, Henry Bowers y Audra está entrelazada, de modo que aquello del pasado que no está resuelto en Bill pueda arrastrarlo de nuevo hacia It. Audra tiene un parecido físico demasiado sospechoso con Beverly, y es ahora el esposo abusador de su primer amor quien secuestra a Audra bajo la influencia del monstruo. El segundo enfrentamiento con It es mucho más peligroso y terrorífico que el primero: los Perdedores bajan sin Stan, sin Mike (otro cambio en la película) y con un Bill que ha perdido la cabeza, que no los dirige, que sólo busca salvar a Audra. Sin la inclusión de Audra, se pierde el halo de peligro que caracteriza a la batalla final, y nos quedamos con una actuación vacía de James McAvoy, quien en ningún momento nos convence de que Bill tiene algo pendiente en Derry y más bien parece no tener ni idea de qué hace él en el set de esa película (y por supuesto no me tragué el tartamudeo). Hay demasiados hilos desatado por las omisiones del guión que afectan al personaje. ¿Cuál es el punto del reencuentro con Silver, si Audra no es parte de la trama y si la bicicleta al final no servirá de nada? Haber omitido la escena de Silver y el modo en que Audra regresa de los fuegos fatuos es una de las peores traiciones de la película, lo cual es sorprendente, ya que es una película que busca en todo momento complacer a los fans (ya hablaremos de ese problema más adelante). Por otra parte, ¿no es la muerte de Georgie lo que jamás va a dejar de atormentar a Bill? En Parte 2 no se menciona a Georgie aproximadamente hacia la mitad de la película, cuando ya estamos desesperados por encontrar algo que haga sentido en Bill. Si ya se había trabajado la motivación de Bill con Georgie de manera tan brillante en la pasada, ¿por qué no darle continuidad? ¿Cuál es la necesidad de incluir a un niño que no tiene nada que ver con él y querernos hacer sentir algo con la escena de la feria? ¿Por qué no simplemente It tortura a Bill con visiones de su hermano, con recuerdos de la culpa, con la perspectiva de que lo mismo sucederá con su esposa?
Encontrar todos estos fallos en mi personaje favorito ya es bastante doloroso, y aun así, lo mismo ocurre en caso de nuestra heroína, Beverly Marsh. Desde que supe que Jessica Chastain estaba gritando en todas las entrevistas que ella quería el papel, pensé que no había mujer más adecuada para ser nuestra Beverly. El problema principal que veo es que, nuevamente, Sophia Lillis ya había hecho el trabajo perfecto. Jessica Chastain se fue por la vía de la atormentada heroína y sí, Bev es atormentada, es víctima de abuso, aun es la niña pequeña de papá. Pero en ningún momento se ve el encanto y la fuerza de Bev detrás de todo el dolor, quien es la única que no teme a It y quien es el centro del grupo, quizá aun más que el propio Bill. En realidad no puedo recordar una sola escena memorable de Beverly en toda la película, tal vez el momento en que Bev regresa a su casa, pero creo que la razón por la que esa escena funciona es por Bill Skarsgård (ya hablaré más de ello en su momento). Lo que había por mostrar en esta parte es que el miedo de Bev es ella misma, es su feminidad que desde su infancia su padre la ha obligado a ver como algo sucio y detestable y que después de años no ha logrado asumir y aceptar. La sangre representa esa feminidad inminente que se aproxima, cuando llegue ese momento. Bev no estará más a salvo de su padre, ni de ningún otro hombre que busqué ver en ella sólo a una niña. ¿En realidad era tan difícil mostrar que justo ese terror a la sangre que atormenta a Bev la llevó a casarse con un hombre como su padre?
No tiene mucho sentido diseccionar a cada uno de los Perdedores y ver lo que está mal en ellos. Vale la pena sólo mencionar que el único que parece tener un trasfondo psicológico relevante es Richie. Debo reconocer que el secreto de Richie me dejó con la boca abierta, ya que es uno de los pocos momentos en donde el terror que ejerce It es creíble. It se sirve de las inseguridades de Richie, al hacerle ver el secreto como algo podrido, algo que siempre será rechazado, lo cual es bastante evidente con el crimen de odio que sucede al inicio de la película, y que retrata el capítulo inicial de la novela que todos los fans recordarán. Es imposible que Andy y Barbara no se hayan percatado de la amada ship en el fandom y haber mostrado lo que en verdad pasaba entre Richie y Eddie es un guiñó a nosotros, sí los estamos viendo, sabemos lo que les gusta, amamos tanto la historia como ustedes (y por eso no entiendo por qué entregaron una película tan mala). Al mismo tiempo, no puedo dejar de pensar en la cara que debió poner Stephen King cuando esos dos le insinuaron el cambio. Ésta es sin duda la era de la corrección política y supongo que el autor pensó, de acuerdo, si eso los hace felices, niños débiles, no veo por qué no. La corrección política a la novela funciona en el caso de Richie, pero no en el de Stanley. El suicidio de Stan tiene como propósito aturdir a la audiencia, hacernos ver la cobardía de Stan al abandonar a sus amigos, y ver que la muerte para él es preferible antes que el mero hecho de asumir que todo lo que sucedió fue real. La carta al final me pareció innecesaria y con la intención de atenuar algo que no se puede atenuar: Stanley se cortó las muñecas en la bañera, con su esposa en la casa preparando la cena. ¿Por qué Bill está sonriendo al leer esa carta?
La falla en la motivación de los personajes también deja ver otro de los grandes fallos de la película, a saber, que Muschietti en ningún momento tuvo en cuenta el factor psicológico al momento de construir el miedo, lo cual es problemático en una historia donde el enemigo es el miedo mismo. Al momento de escuchar risas en la sala de cine, uno se da cuenta de que la película tomó un camino terriblemente equivocado. La aparición de monstruos casi caricaturescos, una y otra vez en las diferentes visiones de los Perdedores es monótona y ridícula, pues no hay un trasfondo psicológico que le dé peso, y no hay ni siquiera una escena en la que el terror busque ser causado más allá de la clásica imagen sorpresa, a diferencia de las escenas memorables de la primera parte (el cuadro en casa de Stan, los niños muertos en la explosión que ve Ben en la biblioteca, el leproso de Eddie). Nunca entendí sí debíamos tomarnos en serio a los monstruos o sólo reírnos de ellos (la escena del pomerania sugiere lo segundo). Pero, no sé ustedes, yo quiero tomarme el miedo en It en serio, no quiero reírme ante las escenas que en la novela sacudieron algo en mi y que esperé años para verlas adaptadas con un mínimo de profesionalismo. Y para gran decepción, también cada escena de Pennywise se ve caracterizada por esta misma ausencia de seriedad. Un fallo que se venía arrastrando desde la parte anterior y que explotó en la conclusión, es que Andy no deja actuar a Bill Skargård. Teniendo a un actor de ese calibre, lo más sensato y natural era quitarle un poco del maquillaje, y dejarlo inventar unas cuantas líneas, hablar, interactuar con los personajes de forma directa y personal. Bill Skarsgård no necesitaba ninguna clase de maquillaje estrambótico para dar miedo, no hacía falta ningún efecto CGI en él para obtener credibilidad, y el personaje de Pennywise parece a punto de desbordarse en el actor toda la película, siempre contenido por las muecas y los recursos cliché del cine de terror para intentar causar “un impacto”. ¿Por qué me morí de ganas todas esas tres horas de escuchar a hablar a Skarsgård? Porque su actuación ya había probado excelentes resultados en la escena de la casa de Neibolt Street de Parte 1, que hasta el momento sigue siendo mi momento favorito en ambas adaptaciones de la novela. La escena de la casa es tan maravillosa porque es de los pocos momentos en ambas películas, donde podemos ver el carácter impredecible del payaso, su propia psicología y sus propias debilidades. En Parte 2 tuvimos por un instante (sólo un instante) algo de ese Pennywise por siempre perdido. Me refiero a la escena de la casa de Bev y el momento en que ella descubre al hombre detrás del disfraz de payaso, Bob Grey. Es un poco difícil entender las implicaciones de humanizar al monstruo, dado que en el libro se describe como una entidad cósmica más allá de nuestra comprensión. Sin embargo, la escena se construye terrorífica y al mismo tiempo verosímil, al mostrar detrás del monstruo a un hombre normal, preparándose para el circo, al dejarnos ver a Bill Skarsgård hacer muecas, llorar, cubrirse del maquillaje al mismo tiempo que amenaza a Bev (¿o será que ese hombre simplemente me encanta?) En general, creo que más actuación era necesaria, tanto para construir a un Pennywise que diera miedo, como para darle la oportunidad a Skarsgård de distinguir su propio Pennywise de la ya icónica interpretación de Tim Curry. Desafortundamente para él y para nosotros, no hay suficientes elementos en la nueva adaptación como para siquiera poder señalar alguna novedad en el personaje de Skarsgård.
Para no extender esta reseña demasiado (como cierta película de tres horas), podemos concluir que el problema de It Parte 2 es que es demasiado, demasiados monstruos, demasiados elementos de la novela, demasiadas horas de acción y demasiados flashbacks, y todo al final tiene un sabor a nada. Andy y Barbara son fans de la novela, se les nota en cada historia de Instagram, y en los cientos de huevos de pascua en ambas películas y su problema fue querer complacer a la audiencia con la mayor cantidad posible de acción sin ningún trasfondo. No se necesitaban más flashbacks de los niños Perdedores cuando ya había una película entera dedicada al primer enfrentamiento. Aprecio las buenas intenciones en el intento de explicar el origen de It al integrar el ritual de Chüd, pero el resultado fue tan incómodo que preferiría no haberlo visto. Si ya se había tomado la sabia decisión de omitir la mención de los monstruos cósmicos en Parte 1 (La Tortuga, It y el Otro) y habían elegido sólo insinuar la naturaleza de It con el atinado diseño de personaje muy a la Lovecraft, ¿POR QUÉ SIMPLEMENTE NO SIGUIERON SUS PROPIOS PASOS? En una película en que ya tienes tantos elementos en juego (monstruos, asesinatos, un payaso) forzosamente debes hacer una decisión y decidirte por un tipo de estética y diseño de personajes, o bien los monstruos del terror clásico, o bien los monstruos cósmicos. En la novela funcionan ambos porque todo ocurre en nuestra imaginación y porque son mil quinientas páginas donde todo se ve dosificado. En la pantalla, tristemente sólo se cometió el mismo error que la adaptación predecesora. Una araña grotesca con cara de payaso, que no da miedo y que no tiene un gramo de verosimilitud. Me duele decir esto, pero It Parte 2, con todo su presupuesto, con todo el trabajo de arte y con un director fan de la novela, falló en la estética del terror cósmico, que su copia dominguera, Stranger Things, ha sabido balancear a la perfección.
Después de dos adaptaciones (serie de televisión y películas) ambas con atisbos de genialidad y desastres, ya sólo queda preguntar si este último resultado es culpa de la emoción de Andy Muschietti que le impidió ejercer control sobre la gran empresa , o si es que en realidad It es un monstruo que siempre se va a descontrolar, no importa quién esté al mando. Tal vez es verdad que nada funciona en la novela y que los fans de ella solemos inflarla demasiado e ignorar los fallos y la exageración que la permean. Si ya hay algo que en el original falla, tal vez todas las adaptaciones estén condenadas a fallar y no será culpa de Andy Muschietti ni de nadie más, que nunca se pueda obtener un resultado fiel y satisfactorio a la historia original. Tal vez debamos regresar cada treinta años a Derry para volver a discutir por qué It funciona y por qué es imposible apresar su esencia en un lenguaje que no sean las palabras de Stephen King.
Sobre un pequeño percance concerniente a la necesidad de energía eléctrica
La globalización, el himno de la sociedad posmoderna. Un concepto cuya fragilidad no se percibe hasta que a una le sucede quedarse sin adaptador de corriente del otro lado del Atlántico. En los años subsiguientes la ausencia de energía eléctrica será la causa de un segundo oscurantismo para la humanidad. No me refiero a la pérdida de la cultura, o al regreso al estado de naturaleza (esos efectos serán producidos por el odio desmedido y el miedo, encarnados en la figura del Viejo Georgie). La realización de que sin la corriente y sin la Nube no tengo otro medio para saber noticias del otro lado del globo me conduce a una sensación de vacío. No un vacío existencial, no hay nada que Harry Potter no pueda curar en mí. Un vacío material, sensorial. ¿Cómo puedo comunicarme con el resto del mundo sin electricidad?
Pierdo el control de mis maltratados nervios en el momento en que el celular se queda sin batería y no puedo encontrar ninguno de los adaptadores de corriente que traje de México. No puedo contestar el correo del que depende la obtención de mi beca. No puedo recurrir al omnisciente Google para buscar cómo se dice périto traductor auf Deutsch. No puedo hablar con mi familia, los únicos seres humanos que harían algo por mí y que notarían si desaparezco de la Tierra. A mi alrededor sólo hay robots. No puedo quejarme, yo misma decidí subir al transbordador, hacia el país de la autosuficiencia mecanizada sustentable.
Lo único que queda cuando es imposible conectarse a la Nube es el lápiz y papel. Por fortuna, el mundo está tranquilo aquí y puedo calmar mi torbellino de desesperación al recordar unas palabras de alivio. No te castigues de ese modo. Estás haciendo todo lo que puedes. Mi crisis eléctrica me lleva a explorar, ya con humor, las posibilidades de lo que sucedería si en verdad fuera a quedar varada sin comunicación en esta parte del mundo. ¿Qué pasaría si se cierran las fronteras, por orden de algún tirano? ¿Qué pasaría, si de un día para otro, dejáramos de recibir noticias? ¿Qué pasaría si, por unos segundos, las redes sociales se paralizaran, en una oscuridad total, más allá de una falla técnica? Las respuestas a estas viejas interrogantes ya han sido ofrecidas por autores de ciencia ficción con mucha más visión de la que yo podría soñar jamás. Lo único que puedo rescatar de esta reflexión es el sentimiento de libertad radical que proviene de saberme sola, auténticamente sola. No estoy atada a nada, ni siquiera a la electricidad, porque aun si mi teléfono colapsa y la beca no llega nunca, existo. Existo yo y mi futuro ya escrito, esperando como un castillo en el cielo. El futuro es lo único que me queda y cada paso que de hacia él, predestinado en una cadena infinita de eventos, será lo único que me mantenga en este mundo.
Podemos empezar a reconsiderar la vitalidad de la energía eléctrica para la civilización, más importante es darnos cuenta de que aun sin ella seguiremos vivos. Y más nos vale encontrar ideas de lo que haremos seis mil millones de seres humanos cuando esa energía desparezca.
- No quiero enamorarme de ti - dijo Chico Cibernético - Porque te vas a ir a Marte y probablemente nunca te pueda volver a ver. ¡El viaje de ida dura por lo menos un año y ahí hablan marciano! Eso no quiere decir que no quiera que te vayas, estoy feliz por ti y no quiero detenerte.
Me abstengo de responder al Chico Cibernético que tendría que amarrarme dentro de un bunker para evitar que me fuera a Marte, y tal vez ni siquiera así lo lograría. Me exaspera su incomodidad al darme esa explicación. Pareciera que con las aplicaciones de citas y con la volatilidad de las relaciones personales, estos jóvenes ya tendrían que haberse desecho de todos los sentimientos inútiles. ¿Algún día aprenderán a decir con valor lo que tienen en la cabeza?
- En todo caso, ¿por qué te quieres ir a Marte? Si sólo nos quedan cinco años en la Tierra, tal vez deberíamos intentar vivir tanto como podamos.
No quiero vivir sólo cinco años. Quisiera vivir para siempre, como los vampiros de los mitos de los Antiguos. Quisiera ver todos los lugares, todos los amaneceres en los distintos planetas, aprender marciano y otros idiomas del sistema solar. Para no verme como una tonta, recurro a la respuesta que ya he ensayado tantas veces para salvar la situación.
- Creo que me sentiré más segura en Marte; las contingencias ambientales y el trabajo de oficinista acabarán conmigo. Además no es para siempre, seguramente me cansaré de hablar marciano después de un tiempo y desearé volver.
- Para cuando quieras volver, la Tierra habrá colapsado. Es por eso que yo me quedaré aquí; si vamos a morir, prefiero hacerlo en casa.
- Eso está muy bien - respondo - ¿Qué es lo que planeas hacer mientras tanto?
- Sobrevivir como lo he hecho hasta ahora, nadie en su sano juicio elegiría ser editor y yo lo he logrado. En el peor de los casos, regresaré al campo a ayudarle a mi padre con el negocio. Van a necesitar a mucha gente para rescatar lo más que se pueda de las cosechas.
Chico Cibernético parece bastante confiado en su plan. A pesar de que sabe el destino que nos espera, nunca lo he escuchado perder la esperanza, ni temer la proximidad de la Caída. Sonríe de verdad y siento su calidez en esta época de hashtags e historias de Instagram; casi desearía poder abandonar este vanidoso viaje y quedarme con él en la Tierra. Imagino la tranquilidad de su casa y el trabajo en el campo; tendríamos aire fresco para respirar y la seguridad de una vida simple (al menos hasta que el desastre ecológico llegara). Y podríamos hablar de los mundos remotos de otras galaxias, a través de los libros y la imaginación, sin necesidad de tener que abandonar todo lo conocido. Pero sé que ese pensamiento es sólo una ilusión que me provoca su autenticidad en medio de la ciudad gris. Los programadores de esta simulación deben reírse al ponerlo en mi camino, cuando el futuro ya no existe en la Tierra para mi. Suspiro porque no puedo resistir la tentación de una noche más con él.
- Si quieres vivir tanto como podamos, entonces está bien si te enamoras de mi por un día, ¿no crees? No tiene que ser ni siquiera un día, sólo durante este momento.
¿Quién es la que está cruzando la línea sentimental ahora? No es culpa mía, soy una soñadora irremediable que creció con anime y música pop. Si hubiera sabido que podíamos tener esto, tal vez me habría acercado a él antes, desde que lo escuché hablar sobre ondas sonoras y fenomenología de la música. Pero no se puede retroceder el tiempo y tampoco se puede detener; sólo se puede intentar vivir lo que nos queda. Cuando noto la distancia que aparece entre los dos, me doy cuenta de que volví a triunfar en este juego de subir mis expectativas hasta la estratosfera.
- Creo que necesitaría conocerte mejor. Eres más una amiga... Y está el problema de Marte, ¿sabes? No estoy seguro de si esto es una buena idea.
Sospecho que tiene algo más en mente. Miedo, tal vez, o alguna otra terrícola a la que no se le haya metido en la cabeza cruzar el espacio. Siento la punzada característica de mi viejo orgullo, pero eso me hace sentir feliz. No estoy condenada a vivir el resto de mis días como un autómata, aún puedo enamorarme. Creía que Demonio Encubierto, esa pesadilla innombrable, había afectado mis circuitos para siempre. Pero Chico Cibernético me ofrece la prueba definitiva de que soy humana y de que el futuro no está cancelado, no al menos hasta que haya recorrido Marte entero.
- Entiendo. Tienes el derecho de pensar muy bien las cosas, pues debes hacer que estos cinco años valgan la pena. Si cambias de parecer, puedes alcanzarme en Marte - ambos sabemos que eso no sucederá, pero nunca he podido evitar decir cosas de ese tipo. Para mí es simple, si deseas algo, corre tras él, aún si está a años luz de distancia.
- ¿Qué hay en Marte?- añade él - Tal vez me gustaría verlo.
- No lo sé - respondo con sinceridad, pues mi conocimiento del planeta proviene de manuales en el sony y el testimonio de extraños - Están las nuevas colonias, los androides que trabajan en la construcción. Aún quedan vestigios del muro que partía la antigua ciudad capital en dos. Y está el desierto, con los gusanos. Sólo se puede explorar desde el aire.
- Dicen que todo es mentira. No quiero asustarte, pero he escuchado los rumores. Parece que Marte también está muriendo y las colonias no durarán mucho.
- También lo he escuchado - sé que no hay malicia en sus palabras, pues su deseo de permanecer en la Tierra es tan válido como el mío de abandonarla - Pero al menos quisiera comprobarlo por mi misma. La verdad es que lo que me está matando es quedarme en la Tierra sin hacer nada, como si eso fuera todo.
- Pero estás haciendo algo en la Tierra. Además hay muchísimo que ver aquí. De acuerdo, ya lo hemos discutido - Chico Cibernético nota mi cansancio y se traga sus palabras. Eso también me gusta de él; parece que todos los hombres se mueren si no pueden explicarte lo más elemental pero él sabe cuando detenerse - Está muy bien que te vayas a Marte, sólo que eso está muy lejos y nos queda tan poco tiempo...
No recuerdo lo que dijo Chico Cibernético al despedirse. Estaba demasiado ocupada manejando mi semblante para parecer casual al verlo irse. No quiero ser una carga para él y en el fondo comparto su creencia de que el apego no es una buena idea en estos tiempos apocalípticos. No hemos hablado desde ese día y resisto la tentación de observar mi sony cada pocos segundos para encontrar un mensaje de él. Extraño su optimismo y la facilidad que tiene para hablar y disfrutar, aunque en el fondo está tan abatido como el resto de nosotros. Soy débil, pues no puedo evitar esperar todos los días antes de subir a la nave, a que Chico Cibernético regrese. Creía que tendría que viajar millones de kilómetros antes de encontrar este sentimiento de nuevo y aparece en el lugar que tanto me afano en abandonar. Pero es probable que sólo vuelva a escuchar de él cuando las noticias en Marte hablen de los ingenieros que salvaron a la Tierra de la hambruna inminente. ¿Por qué el espacio es abismal y nuestro tiempo tan corto? Cinco años son muy poco tiempo y en verdad es como si Chico Cibernético y yo hubiéramos vivido cinco años en sólo unos días.
Mis pininos en esto de escribir más que reseñas de anime. Siendo honesta, me da mucha ansiedad poner esto en mi blog, pero me da más ansiedad dejarlo en los borradores. Mi inspiración estos días han sido Five Years de David Bowie y los momentos debajo de las luces neón con Chico Cibernético.
Pensamientos de una mañana de contingencia extraordinaria
Cuando leí Dune de Frank Herbert, las descripciones del árido Arrakis, planeta en el que hasta una lágrima puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte, eran tan vívidas que me hacían sentir la sed en mi garganta, el calor del desierto mientras pasaba las páginas durante mis traslados dentro de la mancha urbana. Ahora, dos años después, las contingencias apocalípticas de la megalópolis son las que me hacen pensar en Dune. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que a un pionero se le ocurra desarrollar un sistema de captación de aire puro, similar al traje de reciclaje de agua que usan los nativos para sobrevivir en Arrakis? Hace unas semanas escribí sobre la primavera de este ciudad y las cosas sólo han empeorado, al grado de que las primeras notas agridulces sobre los efectos del cambio climático resuenan en todos los medios. Ya lo ha expuesto David Mitchell en la última sección de su poco ortodoxo Relojes de Hueso: la Caída no será una catástrofe situada en un determinado punto del tiempo. Veremos sus inicios en los momentos cotidianos y en un descenso en picada de la cúspide a la que nos ha conducido la tecnología hasta una sociedad nuevamente primitiva. Primero serán las energías combustibles; la putrefacta industria del petróleo luchará hasta el último instante por arrastrarnos con ella al infierno y esa guerra impedirá la transición hacia las energías limpias. Sólo los países social-demócratas (¿o debería llamarlos cumbre del capitalismo?) darán el paso hacia la electricidad, mientras que el resto de las colonias se hundirá en las tinieblas de la incomunicación y el mundo globalizado no lo será más. El desastre ecológico, al igual que un reloj de arena, se encargará de sepultar a millones de almas debajo de las consecuencias irrevocables de aquella hambre de más, que es la enfermedad de nuestro tiempo.
Me atreveré a señalar que el malestar que Mitchell identifica como el hambre de más, bien podría entenderse como el opuesto: hambre de nada. No hacer nada, no escuchar nada, no soñar nada, no imaginar nada. Puedo ver esa nada en los rostros de los baby boomers, quienes ni en un millón de mundos posibles podrían concebirse sin su automóvil. ¿No podemos respirar? Qué pena, pero necesito trasladarme a Santa Fe y no hay alternativa. ¿Hay estado de contingencia alarmante? No hay ningún protocolo para estos casos, no hay nada que hacer. Nada. No hay nada que hacer. No hay nada en el futuro. Aunque pudiéramos hacer un poco, ya es tarde para detener la caída por esta pendiente resbaladiza.
Me río y me da vergüenza el sentimiento de fatalidad con el que hoy desperté. ¿Quién soy entre veinte millones de cerebros programados que sufren los mismos padecimientos respiratorios y de ánimo? Mi malestar no es aislado y es muy probable que sea el resultado de la propaganda en la Matrix y la paranoia que crean las redes. Y denunciar la proximidad del apocalipsis no me hará detenerlo ni morir como un mártir. El chico cibernético me advirtió que esto es como en la canción de Bowie, la Tierra se muere y las especies se extinguen, sólo tenemos cinco años para vivir. Deberíamos intentar vivir tanto como podamos, pues sólo tenemos ese tiempo. Creo que está en lo correcto. No perdamos más momentos pensando en el distópico futuro que nos aguarda, eso ya es seguro.
¿Qué sucede cuando la nieve se derrite? (Fruits Basket 2019)
Tohru Honda es una chica de secundaria quien, tras morir su madre en un accidente de moto, decide vivir en una tienda de campaña. Por suerte (o tal vez no) Tohru instala su tienda en las tierras de una familia tradicional japonesa, los Sohma. Yuki Sohma, compañero de clase de Tohru, junto con su primo Shigure, invitan a Tohru a vivir con ellos, pero Tohru aun tiene muchas cosas que aprender acerca de los Sohma: existe una maldición sobre los miembros de esa familia, que los obliga a transformarse en los animales del zodiaco chino cada vez que son abrazados por una persona del sexo opuesto.
En esas líneas se resume el inicio del manga escrito e ilustrado por Natsuki Takaya y que, a primera vista parece una comedia romántica o un slice of life que nos hará pasar un buen rato. Sin negar el hecho de que, sí, Fruits Basket es un shojo rosa pastel hecho para liberar nuestras endorfinas, la trama del manga tiene un mensaje conmovedor y poderoso acerca de las relaciones humanas que pocas veces encontramos en la industria cultural actual. Poco a poco, Tohru descubre que la maldición del zodiaco chino es eso, una maldición. Los miembros del zodiaco están obligados a permanecer al lado del jefe de la familia, Akito Sohma, durante el resto de sus vidas. No se les permite abandonar la casa principal, tener amistades, casarse, nada que implique un vínculo con personas externas al zodiaco y que revele el secreto. Más aún, la mayoría de los niños han sufrido abuso por parte de sus familias, en especial las madres, quienes no soportan la carga de tener un hijo dentro de la maldición. Sin caer demasiado en el spoiler, me permito adelantar que la gran pregunta que guía a Tohru a lo largo del manga es, si en verdad existe alguna manera de ayudar a los Sohma a llevar una vida normal, y si acaso es posible romper esa maldición.
A lo largo de las páginas de este manga, la autora critica la idea de permanencia y eternidad, valores con los cuales codificamos nuestras relaciones y nuestra percepción ante los demás. La leyenda del banquete que Dios organizó para todos los animales se manifiesta en la maldición que hace a todos los animales reencarnar y encontrarse de nuevo por toda la eternidad. ¿No es eso lo que aprendemos desde temprana edad (tal vez por conductas sociales o tal vez por un impulso natural), el amor es para siempre, las amistades deben ser fieles bajo cualquier circunstancia? Fruits Basket no es el primer shojo en hacer este tipo de crítica (véase Revolutionary Girl Utena y mis análisis al respecto), y es sorprendente qué tan conscientes están las mangakas de los prototipos que el manga shojo tiende a reforzar. Fruits Basket ilustra brillantemente cómo la eternidad termina por ser una carga para todos los involucrados en el maleficio, y peor aún para los más beneficiados. Al mismo tiempo, los personajes aprenden la importancia del cambio, el cual se percibe desde el instante en que Tohru pone un pie en la casa de Shigure y desafía el mandato de Akito. Los amigos vienen y van, e incluso el rostro de la persona más amada puede desvanecerse con el paso del tiempo y las nuevas experiencias que irremediablemente nutren nuestra existencia. Y será decisión de los miembros del zodiaco cómo responder ante el cambio que Tohru traerá a sus vidas.
En la nueva adaptación del manga encontraremos este mensaje en el gran desfile de personajes y situaciones, unas veces cómicas, y otras mucho más dramáticas. Natsuki Takaya tiene la virtud de mostrar las diferentes facetas con las que una persona puede reaccionar al encontrar la verdad de que esa eternidad no existe y lo vemos en los polos opuestos que constituyen sus personajes, Akito y Tohru, Kyo y Yuki, Shigure y Kureno. La increíble construcción de estos personajes que se impregnan en nuestra imaginación desde la página uno, la fantasía y la vida cotidiana entre la que oscila la historia y la fuerza de la protagonista son algunas de las virtudes de la historia ante las cuales es imposible resistirse. Y es un verdadero milagro que en pleno 2019, la era de las novelas cortas y las temporadas de 12 episodios, podamos disfrutar de la adaptación de la totalidad del manga. Ya en los tempranos 2000′s se había hecho una primera adaptación, que fue bien recibida por los fans pero que no logró hacer justicia a la trama por el estado tempano en el que esta se encontraba. Este año, por petición de la propia autora, podemos regresar a la casa de los Sohma y preguntar una vez más qué es lo que sucede cuando la nieve se derrite
El cielo es una bóveda de concreto gris que oculta el transcurso del tiempo. La luz que se filtra a través del cristal del autobús es gris, la banqueta cubierta de polvo también es gris y sólo el azul violáceo de las jacarandas rompe ese paisaje de escenario post-apocalíptico. Esas flores son la única señal de que esto no es 2049, sino 2019 y no me sorprendería que el fin del mundo diera inicio este martes. Respiro el aire de primavera, atiborrado del dióxido de carbono de cuatro millones de automóviles, micro-plásticos residuales del consumismo rampante, y otras tantas partículas que envenenan mis células, pero también la substancia inmaterial que, aún creo, constituye mi alma (resolver cómo exactamente los contaminantes afectan mi estado de ánimo es resolver el clásico problema mente-cuerpo). La contingencia ambiental afecta el sistema respiratorio y el metabolismo y aún más la perspectiva acerca del porvenir. No hay esperanza para esta ciudad árida. Los futuros distópicos de Atwood y Mitchell están a la vuelta de la esquina, y todos coinciden en quiénes serán los primeros en caer: nosotros, los peones del capitalismo, los niños del tercer mundo, quienes apenas logramos sobrellevar la existencia día con día y que no tenemos tiempo ni recursos para vislumbrar futuros alternos.
De lo que sucede cuando se regresa a La Milla Verde en 2019
Stephen King, el maestro del horror, un cirujano de la sociedad norteamericana cuya exactitud sólo pudo ser pulida en las épocas anteriores a la edad de la corrección política. Gracias a esa virtud, sus novelas presentan sin tapujos los peores vicios del ser humano, con el fin de hacernos reflexionar, como él mismo nos dice en su famosa frase, que los monstruos se encuentran entre nosotros. Desde antes de saber que este cirujano existía en el universo, en mi infancia disfruté la adaptación de La Milla Verde; posteriormente, cuando comenzaba a decidir qué me interesaba leer y qué no, encontré la novela. Debo asumir que el lector está familiarizado con la trama, pues no me interesa repetirla en este texto. Una de las escenas que permanece en el espectador es el retrato del crimen que supuestamente comite John Coffey, a saber, la violación y el asesinato de dos niñas en una granja de Luisiana. Stephen King dedica páginas de suspenso y descripciones que paralizan al lector con el fin de mostrarnos el abismo, la podredumbre humana que se encuentra en un acto de tal calibre. Recuerdo observar las escenas en la película, casi hechizada por el hecho de asomarme a la orilla de ese precipicio, de ese mundo adulto aun desconocido para mi, donde el peor crimen que un novelista de terror puede imaginar es el asesinato de unas niñas inocentes. Recuerdo haber pensado “Este es el fondo que podemos tocar, como personas, ese es el punto sin regreso”. Stephen King, este hombre con la sangre de hielo es quien pone el estándar y nos intenta hacer ver que el paradigma de la crueldad es el crimen narrado en la novela.¿Quién podría cuestionar su autoridad, después de ser convencidos por sus palabras?
Es muy diferente ver La Milla Verde en la actualidad, tal vez porque mis ojos ya no son los de una niña, pero, sobre todo, porque ahora sé que ese crimen aislado, ese evento que se muestra como un error catastrófico, sólo imaginable en el peor de los contextos, en realidad es algo que sucede en este país que devora a sus hijas día con día, ante la mirada de robots indiferentes que tienen sus propias explicaciones para naturalizar el hecho de que mujeres y niñas aparecen asesinadas y destrozadas en los ríos, en las calles, en las universidades, en las casas, en bolsas de basura, en maletas.Y estos crímenes no son producto de un psicópata entre miles como Billy The Kid; son cometidos por personas que no tienen enfermedades mentales, sólo un odio desmedido. Es una cosa común decir que la fantasía, el terror y la ciencia ficción en la literatura se quedan cortos cuando los comparamos con la realidad. No me gusta esa frase, pues asume que el valor de esos géneros depende de su relación con la realidad, exacta o inexacta, lejana, cercana, como se prefiera calificar. Pero en este caso, es preciso aceptar que sí, Stephen King, no tenía ni idea de los niveles de terror que la sociedad de este país putrefacto y feminicida podía alcanzar. Es verdad que los monstruos son reales y que estos ya han ganado.
Desde la primera vez que leí The End, supe que era uno de esos libros que crean cismas. El desenlace del infortunio de los Baudelaire tiene un tono distinto de los otros libros y eso tiene que ver con la arriesgada incursión de su autor en estilos literarios como la utopía y el relato bíblico, cosas que uno no se espera al estar ante el cierre de la desventura. The End se desarrolla en la bruma mágica y sedante de la isla, el verdadero último lugar seguro para nuestros huérfanos que han sido traicionados por la justicia en persona. ¿Cómo es que una adaptación televisiva lograría retratar la idea de una sociedad adormecida, a salvo de todo mal, y a la vez controlada por un mesías? ¿Cómo dejar en claro al espectador la idea de que el mal es inevitable mientras existan seres humanos? ¿Cómo mantener la fuerza literaria, la grandiosidad de las alegorías de The End? ¿Cómo transmitir los temas del libro más finamente acabado de la saga?
La respuesta, por supuesto, es que no hay manera de lograrlo. Siempre tuve la sospecha de que The End sería imposible de adaptar a la pantalla en todo su esplendor. A diferencia de los otros libros, se tomó la decisión de que The End tendría un único episodio. Esa decisión tiene sentido, dado que el final de The Penultimate Peril ya se siente bastante concluyente en sí mismo y dividir en dos episodios algo que literalmente se llama The End parece poco acertado. Sin embargo, el episodio de cuarenta minutos nos llevó a sacrificar la posibilidad de retratar con el detalle merecido la utopía de la isla. Ishmael controla a los habitantes de la isla con las técnicas de gaslighting y manipulación más eficaces y la razón por la cual puede salirse con la suya es precisamente la presión social que impera en la isla, el miedo que tienen todos sus habitantes a romper las convenciones y a los cambios que pueden llevar a un conflicto. Al inicio del episodio podemos ver cómo Ishmael convence (”I won’t force you but…”) a los habitantes de deshacerse de los objetos arrastrados por la tormenta, pero no se aprecia qué la intención de Ishmael detrás de eso es evitar que el conocimiento llegue a la sociedad. Escuchamos la frase “It depends how you look at it” una única vez, pero no es suficiente para apreciar que esto es el mecanismo de manipulación de Ishmael para convencer de que toda innovación, todo acto de subversión o incluso de creación, puede ser usado para cometer injusticia. Tampoco vemos cómo día tras día Klaus, Violet y Sunny olvidan su vida en la ciudad. La isla es el único lugar que ha sido seguro para los huérfanos y sus habitantes son los únicos que han escuchado a los niños acerca de la maldad de Olaf, pero esa seguridad lleva un precio y eso es una vida monótona, sin arte, sin placeres, sin conocimiento y sobre todo, controlada por un tirano. El mensaje sólo hubiera podido apreciarse con más escenas de los días de los niños en aquella sociedad. Y tenemos por último, la omisión que más me dolió: no vemos el cisma que ocurre en la confrontación entre Ishmael, Olaf y Baudelaires. Uno de los misterios centrales de la saga es precisamente el cisma que ocurrió en V.F.D. al grado de dividir la organización, alguna vez noble, en villanos y voluntarios. The End acierta de forma sublime al exponer cómo un cisma puede ocurrir a la velocidad con la que inicia un incendio. Cuando menos se dan cuenta, los Baudelaire liberan la discordia en la isla, con lo cual Lemony nos ofrece la última gran lección de la saga: el mal es inevitable y la utopía no existe; lo único que sucederá al huir de los problemas es que estos eventualmente te alcanzarán. Así pues, es justo decir que en el episodio de The End tenemos las mayores pérdidas de la temporada. En realidad ya me lo esperaba y no culpo a nadie acerca de ese resultado. The End es uno de los trabajos más complicados en el tema de la utopía que conozco y ya he hablado en los análisis pasados de la genialidad de Lemony Snicket que por ser traducida a la pantalla, pierde su poder. Ahora es tiempo de mencionar una última omisión que me permitirá abordar otro de los cambios que sufrió The End en su adaptación, y ésta es la ausencia del final trágico de la historia.
Creo con todo mi corazón que D. Handler es el mejor escritor de literatura infantil y esto debido a que jamás subestimó a su audiencia. En cada una de sus páginas podemos encontrar su fe en que los niños están mejor equipados que nadie para la crueldad del mundo y el señor no tuvo contemplaciones en considerar que estábamos capacitados para soportar un final al nivel de Dostoievski. The End adquiere el tono más siniestro en la saga cuando los habitantes de la isla cometen un suicidio colectivo bajo órdenes de Ishmael. Después de que el Medusoid Mycelium es liberado, los habitantes prefieren aventurarse en el océano y abandonar a la causa del problema (los Baudelaire) en la isla, a pesar de saber que no hay ninguna posibilidad de llegar a otro sitio y encontrar un antídoto. En la adaptación, el horror del momento es diluido cuando se explica que The Incredibly Deadly Viper logró alcanzar el bote y llevar el antídoto a los habitantes. La decisión detrás de ese cambio es comprensible. Una cosa es el medio escrito, en el cual Lemony insinúa el destino de la población y su última huida del mal en el mundo, pero otra muy distinta sería ver cómo todos eligen voluntariamente morir para evitar el conflcito. @snicketsleuth ha señalado en varias ocasiones la imposibilidad de interpretar con exactitud a Olaf y las razones para que ambos actores optaran por la vía cómica en sus respectivas actuaciones: es insoportable ver la crueldad explícita que estos libros alcanzan en pantalla y lo macabro de la escena del suicidio hubiera provocado que la serie terminara con clasificación adulta. Lo mismo puede decirse acerca del final de los trillizos Quagmire y los hermanos Widdershins. En el episodio observamos cómo Quigley se reune con Isadora y Duncan y cómo el capitán Widdershins regresa con Fiona y Fernald, contrario a la terrible confesión de Kit Snicket al final del libro: la misión falló, la casa autosustentable y el Queequeg naufragaron en la batalla contra las águilas sólo para ser arrastrados al fondo del océano por The Great Unknown. A diferencia de la serie, en el texto nunca se aclara la verdadera naturaleza de The Great Unknown, pero, ¿qué puede ser más desconocido, si no la propia muerte? Las lágrimas que Kit y los Baudelaire comparten en sus respectivas confesiones indican que los trillizos, Fiona y Fernald, sí, están muertos. Esta decisión implica una subversión de la literatura que difícilmente podría haber sido adaptada en la serie. La decisión de cambiar el destino de estos personajes puede ir en contra de lo que Lemony Snicket transmite el papel, quien a fin de cuentas escribe sobre la muerte, la pérdida y la injusticia, con la diferencia de que su audiencia son niños; sin embargo, no me parece que ese cambio rompa con la atmósfera de la serie en general. Hemos visto a los Baudelaire, los Quagmire y los Widdershins pasar por todos los infortunios posibles y ha quedado en claro que no existen los finales felices. Lo único que queda es un pequeño destello de esperanza y es en ese cambio que la serie se eleva por encima del texto. Este mismo tono de esperanza se encuentra presente en el enternecedor final que se le dio a la temporada: la reunión de Lemony y Beatrice Baudelaire Segunda.
The End concluye con Chapter Fourteeen, un epílogo simple y agridulce, como sólo podía ser con Lemony Snicket. Los Baudelaire deciden abandonar la seguridad de la isla y adentrarse de nuevo al océano y al mundo en sociedad. El destino de los huérfanos queda abierto, pero las continuas alusiones a The Great Unknown y la tristeza de la cual no se puede deshacer nuestro narrador nos hacen pensar de nuevo en lo peor. Por fortuna, existe algo llamado The Beatrice Letters, en donde encontramos algunas pistas para pensar que los Baudelaire sobrevivieron a su viaje. Beatrice, la hija de Kit, escribe una serie de cartas a Lemony, desesperada por saber si acaso él tiene información que le permita encontrarse con su familia adoptiva. En la escena final del episodio de The End, vemos cómo Lemony finalmente accede a encontrarse con esa insistente personita que le escribe cartas y que no parece querer acabar con él, como todos sus enemigos. Algo en mi que no sabía que me hacía falta fue completado cuando Lemony entra a la tienda de sodas y ve a aquella niña, la viva imagen de su hermana, que se hace llamar a sí misma Beatrice Baudelaire. En otras circunstancias, tal vez hubiera protestado si los escritores de una adaptación hubieran cambiado un final triste por un final feliz pero si alguien merece un respiro y un momento de felicidad es Lemony Snicket. La reunión de Beatrice y Lemony es conmovedora, satisfactoria, nos da un sentido de propósito, de que Lemony concluyó su investigación y que ésta dio frutos inesperados al reunirlo con él único familiar que le queda, y quien tiene el mismo nombre de la mujer que él amó y perdió hace años. El mensaje de la escena y la manera en que recoge todos los temas y detiene por una vez esa serie de eventos desafortunados supera, por mucho, el final abierto de Chapter Fourteen. Es quizá el momento más poderoso de las tres temporadas, la escena más lograda y el mayor aporte que hizo Netflix a la historia. Fue este cierre, junto con las virtudes del la adaptación que mencionaré a continuación, lo que coloca al episodio como mi segundo favorito, a pesar de todo lo que perdimos en el camino.
Me he detenido demasiado en analizar las diferencias generales entre el libro y el episodio y ahora es momento de hablar de cosas positivas más específicas. Quisiera centrarme en dos soluciones al misterio que The End también ofrece en sus cortos cuarenta minutos (dios mío, hay demasiadas cosas sucediendo en tan poco tiempo). Me refiero a la revelación de Ishmael como el director de Prufrock Preparatory School y líder de V.F.D, y la respuesta a la incógnita sobre el azucarero. Mis sospechas acerca de lo difícil que sería adaptar los temas de The End también preguntaban si la serie podría retratar con justicia a Ishmael, y el maquillaje del actor en el trailer sólo echó más fuego a mi escepticismo. Sin embargo, en el momento en que Ishmael responde a Olaf cual Bartleby el escribiente “I would prefer not to”, caí por completo fascinada por nuestro Ishmael en pantalla (entiérrenme en las referencias a Herman Melville de esta saga). Siempre pensé en Ishmael como el villano principal, mucho peor que Olaf y lo veía como el ser más retorcido y terrorífico que los niños pudieron haber encontrado, pero debo reconocer que fue fascinante el enfoque no tan malévolo que la serie le otorgó. Ishmael es manipulador y miente, pero lo hace por un propósito que él considera noble, que es proteger a los habitantes de la isla del mal; incluso se preocupa en serio por los huérfanos Baudelaire, aunque estos se muestran como potenciales fuentes de conflicto. En un capítulo inmerso en referencias al Génesis, es imposible no hacer la analogía entre Ishmael y Dios. Dios prohíbe a Adán y Eva comer del árbol del conocimiento para mantenerlos a salvo; Ishmael también prohíbe todo conocimiento en la isla, pues éste conduce al mal, y en su necedad condena a sus subordinados a la muerte. Por otra parte, la serie introduce la revelación de que Ishmael alguna vez fue el director de Prufrock Prep, donde se encargaba de reclutar voluntarios para la organización que él mismo fundó, V.F.D. Esta respuesta es controversial, pues en los libros no aparece, y de hecho, se insinúa varias veces que V.F.D. es una sociedad mucho más antigua: Kit Snicket afirma que el cisma inició cuando ella tenía cuatro años, y The Woman with Hair but no Beard and the Man with Beard but no Hair son miembros de V.F.D. mayores que Olaf y su generación. A pesar de esto, considero la respuesta como un acto de pura genialidad, ya que refuerza la idea de Ishmael como el creador y como Dios; Ishmael en el pasado fue el primero que buscó apagar los incendios del mundo y al darse cuenta de que no podía hacerlo, decidió sólo huir de ellos. De igual manera, nos ofrece respuestas de cómo es que los miembros ingresaban en V.F.D. y qué papel tenía Prufrock Prep en ese ingreso. Por último, también es imposible no hacer la analogía entre Ishmael y aquel otro director de cierta saga infantil que no tenía miramientos en manipular a los niños de su escuela por el bien mayor.
Ahora bien, la respuesta acerca del contenido del azucarero careció de la genialidad del tratamiento de Ishmael. Como buena fan, he tenido mis momentos para rumiar la respuesta y he llegado a un veredicto. Me gusta pensar que en verdad ya nadie sabe lo que está dentro del azucarero y que el único propósito del objeto es mantener la discordia entre los personajes. Si tuviera que ofrecer una respuesta, me inclino por la idea de que el azucarero contenía la evidencia para inculpar a Olaf y limpiar el nombre de Lemony; mis razones para pensar esto son la carta de Lemony a Kit en The Slippery Slope y la insinuación en la escena del taxi de The Penultimate Peril acerca de que Lemony sí consigue el azucarero en el Hotel Denouement. No quiero abordar en detalle todas las teorías acerca del azucarero, eso sería material para un análisis en sí mismo, y sólo quisiera señalar algunas inconsistencias en la respuesta por la que optó la serie. Kit Snicket revela, en un dramático close up que el azucarero contiene….azúcar. Hubiera sido simplemente brillante que la respuesta hubiera quedado ahí, pero no todo puede ser perfecto. El azucarero contiene una especie de híbrido de azúcar que es otro antídoto para el Medusoid Mycellium. De ahí la respuesta de Beatrice en el flashback de la ópera acerca de que el contenido puede salvar vidas, y de ahí la decisión de ella y Lemony sobre robarlo. Pero si el contenido del azucarero era lo importante y no el azucarero mismo, ¿por qué infiernos Beatrice no robó únicamente un poco del azúcar dentro para después fabricar mayores dosis del antídoto? ¿Y por qué ella y Bertrand tuvieron que replicar un antídoto en las manzanas, si ya existía uno? Parece haber cientos de antídotos dispersos por el mundo y eso me parece que disminuye el poder del Medusoid. Más aun, en la escena de la ópera, Esmé sí sirve el azúcar en el té de Kit, ¿eso no la haría inmune al hongo y, por tanto, no tendría sentido que hubiera muerto envenenada? Creo que la respuesta acerca de este misterio no era tan necesaria y que el valor de la figura del azucarero en la trama reside precisamente en la ambigüedad. Tal vez los escritores desearon dar un poco de satisfacción a la audiencia, pero creo que había respuestas más brillantes para ofrecer.
He salvado mi parte favorita del episodio para el final, nada menos que la secuencia de la serpiente con la manzana, las muertes de Kit y Olaf y el nacimiento de Beatrice. Pasarán años y no terminaré de maravillarme de las figuras alegóricas, del poder de las palabras y de la fuerza sentimental que existen en cada uno de estos momentos. Empecemos con la secuencia donde los niños entran a la casa, desesperados por sobrevivir, y se vislumbra por unos segundos, a la serpiente en el árbol. Durante una de las veces en las que estaba repitiendo el episodio, me descubrí a mi misma pensando “Nada de lo que estoy viendo es original”, una palabra que aquí significa una obra creada por un genio, libre de todo contexto social e influencia literaria. La imagen de la serpiente ofreciendo una manzana a Eva es tan antigua como la civilización occidental, y sin embargo, nuestro autor se sirve de ella para subvertir, en el momento clímax del episodio, toda la enseñanza bíblica del conocimiento como un mal. The Incredibly Deadly Viper ofrece a Sunny Baudelaire el antídoto del Medusoid en la forma de una manzana, legado de la nobleza y las aptitudes intelectuales de los padres Baudelaire. Es la ausencia del conocimiento lo que conduce al mal, como bien mostró Ishmael al condenar a toda la isla. O tal vez no, tal vez el conocimiento sí traerá discordia y conflicto, pero eso no significa que debamos vivir una vida en la ignorancia y la monotonía, sólo esperando la muerte. Después de la salvación de los Baudelaire por parte de la serpiente, tenemos el plotwist más dulce y conmovedor en la saga. El Conde Olaf, sí, el villano que desde la página uno ha sido caracterizado como el ser humano más terrible y repulsivo, termina su vida haciendo algo bueno por la única mujer a la que amó, nada menos que Kit Snicket. No hay algo que yo ame más en la ficción que los antihéroes, que descubrir la bondad en los personajes para los que no hay salvación, y se pueden imaginar lo que significa para mi esta última revelación. No sé como habrán tomado la sorpresa las personas que no leyeron los libros, ya que en TPP se cometió el spoiler de mostrarnos a Kit y Olaf como pareja. A pesar de esa decisión, creo que la escena es tan perfecta como en el libro, con algunos destellos de genialidad que contribuyen a hacer el momento aun más como de un cuento de hadas. El torbellino de los acontecimientos se ralentiza para permitir que Olaf y Kit se despidan y encuentren un refugio a su tragedia en la muerte. De entre todos en el mundo, este hombre a quien ella alguna vez amó, dejó de amar, quien mató a su hermano en venganza por el pasado, finalmente hace algo bueno para ayudarla a dar a luz. Ella dice que no lo perdona y él responde que no le interesa pedir perdón, ¿pero en verdad es así? Kit ríe con la respuesta de él y mantiene su sonrisa durante la despedida y me atrevo a decir que, sí, ella lo perdona porque si algo nos ha enseñado la serie es que el mundo no se divide en nobles y villanos y esa es la magia de Olaf y Kit, dos personajes como el agua y el aceite a quienes la fuerza del destino obligó a separarse. Los aportes de la escena que la hicieron aun más magnifica de lo que esperaba, fueron como ya señalé, el hecho de que ambos rían aunque sepan que están a punto de morir y cómo Olaf pide a Kit “Let me see your eyes” justo antes de recitar el poema más bello de toda la serie, The Night Has a Thousand Eyes, de Francis William Bourdillon (comienzo a pensar que la razón número uno por la que eligieron a Allison Williams fueron sus ojos, perfectos para el momento). Queda mucho por decir acerca del significado de los poemas, en particular de This Be the Verse, por ser las últimas palabras de Olaf y creo que eso también es material para un análisis separado. Por ello, me limitaré a señalar el tema del poema y situarlo en el contexto de la escena. Olaf recita la última estrofa de un poema que contiene palabras no aptas para un público infantil (muy de acuerdo a su personaje) y que habla sobre la manera en que nuestros padres nos arruinan con sus defectos y sus vicios. Es preciso recordar la revelación que en última instancia nos permite entender la motivación del personaje: fueron los padres de los Baudelaire los que dejaron a Olaf huérfano y la causa de que éste haya optado por el camino de iniciar fuegos, en lugar de apagarlos. El conflicto con los padres Baudelaire resurge cuando Klaus confronta a Olaf y dice por primera vez la sospecha que él y sus hermanas habían guardado desde siempre, “It was you who made us orphans in the first place!” ¿Y qué responde Olaf? “Is that what you think?” No veo la razón para que un hombre que está a punto de morir negara su culpa acerca del incidente y no puedo evitar pensar que Olaf, a pesar de todo su odio contra los Baudelaire, tal vez sea inocente del incendio que los condujo a su muerte. Ésta es solo una manera de interpretar la respuesta de Olaf, lo que es importante es recordar que fueron Beatrice y Bertrand Lemony los iniciadores de toda la serie de eventos desafortunados y que Olaf tiene eso muy en claro al recitar el verso final directamente a los niños. Recuerdo haber leído una entrevista a Neil Patrick Harris donde él decía que su intención al filmar la escena era evitar que la audiencia intentara justificar a Olaf. Esto no ocurre: al mismo tiempo que Olaf salva a Kit y recita poesía sólo para ella, no olvidamos su maldad, su resentimiento contra el mundo al negarse a pedir perdón y su amenaza sobre los huérfanos Baudelaire hasta en sus últimas palabras: Don’t have any kids yourself.
Me he extendido en esta reseña más de lo planeado; creo que, por ahora, sólo queda cerrar con la mención de la muerte de Kit y el nacimiento de Beatrice Baudelaire. Se me han acabado las palabras para describir la manera en que The End termina por destruir nuestros sentimientos, al mostrar como Kit Snicket se despide de su hija y pide a los Baudelaire cuidar de ella. Cada que recuerdo cómo nuestra afligida Kit lamenta no poder ser tan buena madre como Beatrice y los gritos de Violet, Please don’t leave us, no puedo evitar sentir que algo en mi se estruja. A pesar de tener una hija por la cual vivir, la muerte resulta ser el regalo más grande para Kit. Nuestra heroína ya no puede combatir el fuego, ha perdido a sus hermanos, el padre de su hija, y ha tenido que ver morir al hombre que le ha causado tanto dolor y a quien, sin embargo, ella traicionó de la peor forma posible. El destino de Kit se vislumbra desde el momento en que pierde el control en el picnic con los Baudelaire y expresa su mayor temor “It will not end well”. Los Baudelaire no pueden hacer más que despedirla y asegurarle que Beatrice no estará sola, aunque sean ellos quienes desesperadamente necesitan no estar solos. De verdad, jamás imaginé lo que sería ver, en pantalla, cómo tres niños quedan abandonados en una isla, ahora con la responsabilidad de cuidar de un bebé. Lemony una vez más, traspasa los límites de las historias para niños al mostrar la vulnerabilidad de Violet, Klaus y Sunny, y al mismo tiempo, su decisión a no dejarse vencer, a enfrentar una última vez, el mal del mundo, todo por el bien de Beatrice. Los niños se convierten en adultos y su determinación para continuar en el mundo, pese a que este no es una utopía, dignifica el mensaje de la saga. La intención de Lemony no es mostrar solamente que la vida es una ensalada de conflicto, sino en preguntar acerca de nuestro modo de enfrentarnos a ella. Podemos elegir una isla segura, podemos elegir crear incendios o podemos elegir luchar contra el fuego. Me gusta pensar que Beatrice, Lemony y los hermanos Baudelaire, después de todo lo sucedido, aun decidieron combatir el fuego; como nos enseña Lemony, sólo queda esperar por lo mejor, aunque lo mejor, al igual que un correo interesante, muy pocas veces llega.
A Series of Unfortunate Events Season 3. The Penultimate Peril
Después de tres días del estreno de la tercera temporada de Una Serie de Eventos Desafortunados, he podido meditar más sobre mis impresiones de los episodios correspondientes a The Penultimate Peril y The End. The Penultimate Peril es la joya de la saga y sus dos episodios probaron estar a la altura; sin duda su adaptación es la mejor, a pesar de la controversia en torno a las decisiones tomadas para la revelación culminante de la historia: la noche en la ópera y el episodio de los dardos venenosos. A pesar de esos cambios, considero que el trabajo de adaptación fue grandioso y aun me encuentro a mi misma sintiendo las lágrimas volver al recordar los momentos finales que guardan la desesperanza original del medio escrito y que por medio de las imágenes logran llevar esa tristeza a niveles insospechados.
El primer episodio de The Penutlimate Peril inicia con un hermoso plano del Hotel Denouement, la obertura de La Forza del Destino y una explicación de Lemony. Las cosas no son siempre lo que parecen, así como un estanque podría ocultar secretos en él. El mundo es como un estanque y la más mínima de nuestras acciones, como aventar una piedra, genera ondas que pueden sacudir el mundo. Este comienzo resume perfectamente el tema del episodio y le da la teatralidad a la historia que estuve esperando desde The Vile Village. A los escritores no se les olvidó que The Penultimate Peril es el momento de fatalidad culminante para los Baudelaire, que en verdad no existen los finales felices, y que las personas nobles son las que cometen las peores atrocidades. Y desde este inicio con la música de fondo se intenta marcar una analogía entre el tema de La Forza del Destino, el suceso de los dardos venenosos y el asesinato de Dewey Denouement.
El episodio no espera para dejarnos sin aliento. De inmediato ocurre un cambio en la narración que comprueba una de las teorías más establecidas a lo largo de los años: Lemony Snicket aparece en la línea temporal de los Baudelaire, como un personaje más, y ya desde este momento me encontré celebrando. ¡Sí, Lemony es J.S! (WRONG) ¡Sí, Lemony es el conductor del taxi! (right) ¡Y él ahora tiene el azucarero (WRONG). De inmediato, tenemos la famosa escena de Kit Snicket llevando a los Baudelaire a su perdición el Hotel Denouement en el taxi. Todo se va, nuevamente en segundos y es doloroso porque las contadas páginas de los libros donde Kit Snicket aparece las he guardado como el más grande tesoro durante años. Los momentos de oro en el picnic donde Kit le pone el listón a Violet por ella y donde finalmente colapsa por el miedo de que todo saldrá mal, se pierden (aunque igual ya la habíamos visto llorar en medio del bosque en The Slippery Slope). En compensación, nos ofrecieron dos regalos que ni en mis sueños más locos imaginé. Un encuentro y despedida entre Kit y Dewey Denouement y la confirmación de que éste es el padre de su hija. Casi pude escuchar los corazones de las Kitlaf shippers romperse en ese momento; las entiendo, hermanas, pero Olaf siendo el padre es algo muy de fanfic y también es lindo saber que Kit superó a ese hombre y que conoció la felicidad con alguien más. Como si no fuera suficiente ver el encuentro, encima hicieron a Dewey recitar una de las más memorables frases de las cartas de Lemony a Beatrice y tuvimos un beso. Sentí que moría.
La segunda escena con la cual terminé de colapsar fue el encuentro de Lemony y Kit. La cara de Kit cuando ve a su hermano me destruyó y me llenó de preguntas. ¿Cuantas veces ha fingido Lemony su muerte? ¿Lo hizo para escapar y para hacer que Beatrice pudiera olvidarlo y vivir su vida con alguien más? Sin embargo, la reunión también nos plantea la respuesta al por qué de toda la serie. Kit revela a Lemony que los niños que ella dejó en el Hotel Denouement son los Baudelaire y es cuando él toma su decisión de ir tras ellos y protegerlos. @snicketsleuth ha defendido que la razón principal por la que Lemony estaba detrás de los niños era porque él también creía la pista del superviviente del incendio y esperaba que fuera Beatrice. Sin embargo me parece que esto es un poco ver a Lemony bajo el halo de Severus Snape, así que la explicación que nos dieron en este episodio me dejó completamente satisfecha.
Hablemos ahora del desarrollo de la misión de los Baudelaire y del reencuentro con los personajes pasados de la saga. El reloj fue simplemente brillante y escuchar el WRONG del péndulo realmente causó esa sensación de pesimismo que se esperaba. También pude notar ese guiño a Bandersnatch cuando Lemony nos dice que estamos obligados a ver los tres caminos alternativos de los Baudelaire. Frank, Ernest y Dewey estuvieron maravillosos y el desfile de personajes de los libros pasados tiene sus altas y sus bajas. Se nota que no todos los actores pudieron regresar (en Harry Potter esto no hubiera pasado). Esperaba más que nada volver a ver a Sir y a Charles en la sauna y en su lugar tuvimos a Jerome Squalor y Babs. ¿Notaron el comentario de Jerome sobre haber encontrado el amor con el dueño de un aserradero? De igual manera Jacquelyn brilló por su ausencia; desde la temporada uno creí que todo el propósito del personaje era resolver que ella era J.S y la persona que convocó a la reunión en el Hotel. Sin embargo, la aparición de Justice Strauss es la más conmovedora de todas; nos remonta al episodio inicial y nos hace amar de nuevo a esta mujer que en verdad nunca se rindió por ayudar a los niños y que parece ser su última esperanza. Finalmente, sigo sin superar la horrible muerte de Larry hervido en curry. Creo que su muerte sirvió para hacernos recordar el horror y sinsentido de la serie y para crear la atmósfera de que los Baudelaire están solos.
Creo que esa es la virtud más grandiosa de los episodios de The Penultimate Peril y The End. En ellos podemos ver ese tono obscuro y terrible que siempre estuvo presente pero que culmina en el suceso que marca el destino de los niños para siempre, el accidente del arpón. La escena cobra un tono sentimental desde el momento de la ruptura de Esmé y Olaf, donde es Olaf quien termina a Esmé y no al revés, como en el libro. Los fans de la reina Esmé realmente querían ver la respuesta “You can’t fire me, I quit”, pero creo que la decisión de mostrarnos a una Esmé a punto de llorar fue acertada. Nos revela que ella en verdad quería a Olaf y nos confirma también lo cruel que puede ser Olaf incluso con los más cercanos. Después de la ruptura, la fuerza del destino finalmente alcanza a los niños, con una terrible explicación de Lemony acerca de lo que esta palabra significa, la secuencia donde ellos intentan detener a Olaf y finalmente, el accidente con Dewey. La escena de Dewey cayendo al estanque, la biblioteca al fondo y el susurro “Kit” tienen la teatralidad de ópera merecida. El ver en pantalla el horror fue algo para lo que nada me había preparado y fue la primera vez que en verdad perdí el control. Creo que en papel, las palabras indican lo terrible de los sucesos , pero en la imagen estos cobran un sentido de realidad que nos recuerda que los Baudelaire son NIÑOS siendo torturados por ese mundo de adultos donde la crueldad no tiene límite y que ese es nuestro propio mundo, no un escenario de un melodrama exagerado. No sé si fue la música, la expectativa, lo bien conducida que esta la escena, o si fue mi yo de 15 años pensando “Los Baudelaire acaban de matar al padre del hijo de Kit” lo que terminó conmigo pero debo concluir que este es una de los mejores momentos de la temporada. Hacia el final, ocurre el tan esperado encuentro entre el taxista y los niños, que no es otro que el mismísimo Lemony. Lo único que me dejó deseando de ese momento es que, al parecer, Lemony no recupera el azucarero, como sí se sugiere en el libro. Pero se puede apreciar la encrucijada del destino, tanto de Lemony como de los chicos. Él pudo haberlos salvado, de haberlos convencido de subir al taxi. Ellos pudieron haber conseguido un último aliado, de no haber creído que aun tenían una oportunidad con la justicia. Pero en la historia no hay finales felices y, como lo dice el propio Lemony, esa fue la decisión de la cual se arrepentirá él para siempre. Glorioso episodio, pasemos al siguiente, y a la polémica respuesta de la escena de los dardos envenenados.
The Penultimate Peril es la aventura más intrincada y terrible de la historia, pero también es el libro donde ocurre la revelación clave y la inversión definitiva de todo lo que creíamos acerca del bien y el mal. Al inicio del libro, Kit Snicket afirma que, en una presentación de La Forza del Destino, ella entregó una caja de dardos envenenados a los padres Baudelare, antes de que Esmé Squalor pudiera detenerla. Posteriormente, en el confrontamiento con Dewey, Olaf revela que los dardos envenenados fueron el arma que lo hizo huérfano, en una noche de ópera. Estas revelaciones del calibre de una bomba implican que los padres de los Baudelaire son los culpables de la muerte de los padres de Olaf y que ésta es la razón por la cual el villano odia tanto a los niños (y una buena razón para pensar que él mismo los dejó huérfanos). Durante años, los fans se han dedicado a hacer teorías acerca del suceso. ¿El asesinato fue premeditado? ¿Qué razones tenían Beatrice y Bertrand para matar a los padres de Olaf? ¿Kit Snicket estaba involucrada y eso la convierte en la peor traidora de la historia? Como es costumbre, Lemony nunca ofrece las respuestas claras a esas cuestiones, y hace mucho que el fandom decidió la opción más oscura. Sí, el asesinato fue premeditado, Kit, Beatrice y todos los involucrados lo sabían. El análisis de @snicketsleuth es un buen ejemplo de estas teorías.
Ahora bien, la reconstrucción del suceso en la adapación de Netflix tomó distancia de esta respuesta y nos mostró que la muerte de los padres de Olaf se debió a un accidente, a un disparo que cayó en la persona incorrecta. Con lo mucho que me gusta el análisis de @snicketsleuth y en general, el descubrir en las historias de ficción que los héroes siempre están podridos por dentro, nunca pude dejar de preguntarme si no existía la posibilidad de que todo fuera un accidente, al igual que la muerte de Dewey Denouement ¿No es eso lo que intenta decirnos Lemony a lo largo de todo el libro, al hacer la analogía entre el accidente de los Baudelaire y las continuas menciones a La Forza del Destino, en donde un arma se dispara por error, causando una tragedia? Creo que las pistas del libro sirven para articular ambas posibilidades, tanto la del asesinato premeditado, como la del accidente y, aunque la mayoría de los blogs me odie, creo que los escritores tenían justificación en haber optado por la vía del accidente. Por otra parte, no lo hicieron solamente por el miedo de mostrar a una Beatrice asesina, como asegura la mayoría. El episodio de los dardos envenenados sirve para responder a al menos cuatro gigantescas interrogantes de la serie ¿Por qué fue robado el azucarero a Esmé y cómo? ¿Por qué Lemony es un prófugo de la justicia? ¿Por qué Olaf intenta matar a Beatrice en el baile de máscaras? ¿Y por qué Lemony y Beatrice tuvieron que separarse? El flashback también apunta a la solución del misterio del contenido del azucarero, pero de eso hablaré en el análisis correspondiente a The End
El episodio nos muestra a Kit y Lemony Snicket, Olaf, Beatrice y Esmé Squalor, en sus días de juventud. Muchos fans siempre imaginaron que el evento sucedió cuando estos eran adolescentes, pero no me imagino a otros actores en el lugar de los personajes y como si no fuera suficientemente horrible quedar huérfano por un dardo envenenado a cualquier edad. Creo que el episodio acierta al mostrar la amistad de todos los personajes, el amor que siente Kit por Olaf, a pesar de ser un spoiler bastante inesperado, el hecho de presentar al padre de Olaf como el jefe del departamento oficial de incendios, y la obsesión absurda de Esmé por el azucarero. Beatrice y Lemony deciden, por el bien mayor, traicionar la confianza de su amiga y robarlo. Y esto desencadena la locura de Esmé, quien corre tras ellos y lanza el primer dardo. En un enfrentamiento caótico, donde Kit y Olaf suplican a sus amigos arreglar todo por medio de las palabras, un dardo cae en el padre de Olaf y no es claro quién lo arroja, si Lemony o Beatrice. Olaf, en medio de la ira, culpa a Lemony y al final se descubre que la autora del crimen en verdad fue Beatrice. Esto explicaría por qué Lemony es prófugo: nuestro narrador asume la culpa con tal de salvar a su Beatrice (ugh) y llevar el azucarero a un lugar seguro. Por otra parte también se explica por qué Olaf tardó tanto tiempo en ir tras Beatrice (catorce años mínimo, la edad de Violet). Si recuerdan el flashback del baile, Kit trata de advertir a Lemony con un mensaje “Olaf knows”. ¿Qué es lo que Olaf sabe? Que fue Beatrice y no Lemony la culpable del asesinato. Y finalmente, podemos vislumbrar por qué Kit y Olaf se separaron. Casi puedo imaginar a Olaf gritando a la pobre Kit “Estás de mi lado o de tu hermano” y es evidente lo que ella habría respondido. Tampoco se perdió la moralidad ambigua de los personajes. Uno puede pensar que Esmé estaba simplemente obsesionada con un tonto objeto, pero también puede pensarse que su odio se desató al verse engañada y menospreciada por sus amigos, quienes no la creían capaz de cuidar algo tan preciado. Además ¿en qué diablos estaba pensando Beatrice al lanzar un dardo envenenado a Esmé? ¿Y por qué dejó que el hombre que amaba asumiera la culpa y eligió ella vivir una vida feliz como si nada? Por otra parte, ver a Lemony despidiéndose de Beatrice con fragmentos de la enorme carta que todos amamos fue más de lo que hubiera podido soportar. Y, para los fans más exigentes que reclaman no haber visto a Bertrand en la escena, quizá habrán notado el comentario de Beatrice, quien afirma haber recibido los dardos de uno de sus fans, ejem-ejem, Bertrand, ¿tal vez? Estos son los principales nudos que puedo ver resueltos gracias al flashback y es por eso que considero que fue una decisión acertada, justificada y que logró ofrecer un poco de sentido a todos los sucesos que en los libros se mencionan pero que jamás se aclaran.
Aun me hace falta hablar del resto del segundo episodio, aunque en realidad tengo pocos comentarios que hacer al respecto, debido a la genialidad y exactitud con la que fueron retratados el juicio y el incendio. Quizá sea bueno mencionar la secuencia previa al juicio de Olaf y los Baudelaire. Justice Strauss, los Baudelaire y Mr. Poe preparándose, y la imagen amenazante de Olaf son un interludio fabuloso del último giro de la infortunia de los Baudelaire. El discurso de los niños es para romper el corazón y por un momento creí que las cosas tomarían un tono aun más siniestro con las salchichas de Carmelita y Esmé; hubiera sido un toque de genialidad sobre la tragedia ya inminente que éstas en verdad estuvieran envenenadas pero supongo que la serie hubiera terminado con clasificación adulta. La manera en que el juicio gira de estar a favor, a estar en contra de los Baudelaire y la mirada de Justice Strauss al leer el veredicto de los jueces es la culminación del tema de todo el juicio: la justicia es ciega, y esa es la condena de los niños, porque esa ceguera le impide conocer la verdad de que las personas no son buenas ni malas, sino son como ensaladas chef. Los Baudelaire, arrastrados por la fuerza del destino, son incapaces de probar ante esa justicia su inocencia, manchada en medio de esa vinagreta de confusión y conflicto que es el mundo adulto
Podría hablar para siempre de los últimos momentos de The Penultimate Peril y no sería suficiente para terminar de alabar la maestría con la que Lemony retrata la penúltima tragedia. Podría hablar de Klaus decidiendo ayudar a Olaf, pues todas las personas nobles les han fallado. Podría hablar de Sunny Baudelaire proponiendo incendiar el hotel, como Kit Snicket ya había insinuado. Podría hablar de todos los huéspedes del Hotel, negándose a actuar y a escuchar a los niños, una última y funesta vez. Podría hablar de Justice Strauss suplicando a los Baudelaire quedarse, y de sus palabras de despedida, no hay excusa para huir, no hay excusa para cometer crimenes. Podría hablar de la belleza con la que es retratado el incendio del último lugar seguro para los voluntarios, de la grandiosa toma de los Baudelaire y Olaf frente al atardecer y reunidos en el mismo barco, literal y figuradamente. Y podría hablar de la ultima moraleja con la que The Penultimate Peril cierra y termina de derrumbar todo lo que creíamos: algunas veces, hay que combatir el fuego con más fuego.
A Series of Unfortunate Events Season 3. The Slippery Slope/The Grim Grotto.
Como fue costumbre a lo largo de tres años, este primer día de enero tuve mi último maratón de Una Serie de Eventos Desafortunados. La temporada más esperada llegó y las desventuras de los hermanos Baudelaire terminaron y yo también necesito tranquilizar mis sentimientos, una frase que aquí significa dejar de sollozar sin control mientras mi familia me observa con preocupación. A continuación les presento mis impresiones acerca del resultado final de la adaptación; en esta primera parte me centraré en los episodios correspondientes a The Slippery Slope y The Grim Grotto. El texto no está libre de spoilers, ni de fangirleo extremo y la reconstrucción de las teorías que ofreceré sigue muy de cerca los geniales análisis de @snicketsleuth. Recuerden, he or she who hesitates is lost!
La última temporada de ASoUE Netflix es la que más expectativas ha generado, no sin motivos. El reto de adaptar los libros favoritos de todos los fans es gigantesco. La maestría de D.Handler para relatar los infortunios se desboca por una pendiente inclinada a lo largo de The Slippery Slope, se catapulta en The Grim Grotto y The Penultimate Peril y alcanza la cúspide en el poco ortodoxo The End. Los temas de la injusticia, la necedad adulta, la moralidad ambigua de los personajes y las consecuencias irremediables de sus acciones son retratados con una genialidad tan poco vista en la literatura que aun nos encontramos debatiendo e intentando responder a las interrogantes: ¿por qué estos libros funcionan? ¿Qué tiene de maravilloso ver las desgracias absurdas de unos huérfanos? ¿Cómo es que el relato mantiene la verosimilitud en medio de águilas gigantes amaestradas, un hongo mortalmente venenoso atrapado en una escafandra y una isla de adultos viviendo a base de un sedante?
No tengo una respuesta clara, ni siquiera aproximada, a estas cuestiones. Sólo sé que el lenguaje lacónico, poético y contundente del autor, así como el uso de metáforas basadas en obras clásicas de la literatura inglesa, encaminados a retratar situaciones tan conmovedoras como de cuentos de hadas, deben tener algo que ver. Lemony nos describe personajes con un par de palabras que son suficientes para plasmarlos en nuestra memoria y dejarnos sin aliento mientras nos adentramos en la historia (The Woman with Hair but no Beard, The Man With Beard but no Hair, The Person of Indeterminate Gender). De igual manera, Lemony cristaliza el suspenso y el misterio de las escenas clave de la historia con unas cuantas líneas. Cómo olvidar la revelación ‘But I want to steal from you the way Beatrice stole from me!’, o el lema de V.F.D. ‘The world is quiet here’ (ugh, podrías gritar esas palabras y aun así parecería que las estás susurrando).
Toda esta disertación acerca de la manera en que los personajes de ASoUE y los momentos claves de la historia se grabaron en nuestra mentes infantiles y adolescentes es importante precisamente porque las revelaciones y las escenas más memorables y conmovedoras suceden a lo largo de las páginas de los últimos cuatro libros. Y es natural que estas escenas, al ser traducidas al lenguaje de la televisión, presenten alteraciones que nos hagan saltar de nuestros asientos y gritar, eso no es lo que yo esperaba. El truco de los libros radica en soltar la bomba al lector con una simple frase y el resto de la magia es obra de nuestra facultad de la imaginación en acción. Cuando nos encontramos con la imagen de aquello a lo que nosotros hemos dado forma y significado, motivados por unas cuantas palabras de Lemony, hay una sensación de que algo se perdió,de que todo sucedió demasiado rápido. Y eso es lo que ocurre en los episodios de la tercera temporada de ASoUE, quizá a excepción de The Penutlimate Peril.
The Slippery Slope es el episodio más débil, o mi menos favorito, para ser benevolentes con él. De igual manera es mi libro menos favorito de los últimos cuatro, sin embargo, sigo sintiendo que algo en él se escapó. Quizá fue el guión, que presenta varias inconsistencias. Al final de The Carnivorous Carnival, Olaf y los niños se dirigen a las montañas Mortmain con la intención de develar el misterio de si uno de los padres Baudelaire sigue con vida. Y en The Slippery Slope tenemos la revelación de que, en efecto, hubo un superviviente del incendio, pero no del incendio de la mansión Baudelaire, sino de la Quagmire. Quigley Quagmire hace su aparición y misterio resuelto, los Baudelaire deben resignarse a que en verdad han perdido a sus padres para siempre. Pero por alguna razón, el misterio deja de ser importante para Olaf, quien se deja de preguntar por los padres a pesar de no tiene manera de averiguar que Quigley está vivo. Y cuando lo hace, no parece hacer la conexión entre el superviviente y el Quagmire
A mi me gusta The Slippery Slope por dos razones que fueron pobremente retratadas en los episodios. Por primera vez se mencionan los códigos de V.F.D. y una parte importantísima del libro es aprender cómo es que esos códigos funcionan, a saber, con recetas de cocina y poemas. Ni Violet ni Klaus ni Quigley parecen poner suficiente atención a esto, todo se encamina al plan de salvar a Sunny. El segundo aspecto es que en este libro las cosas se vuelven moralmente ambiguas en serio. ¿En verdad es correcto planear secuestrar a Esmé Squalor? ¿Eso no sería combatir el fuego con más fuego? En el episodio, el “secuestro” de Esmé no es premeditado y no plantea los dilemas morales que había esperado. ¡Por último, en verdad esperaba que incluyeran la carta de Lemony a Kit que nos ofrece evidencia para armar teorías acerca de lo que contiene el azucarero! Las virtudes del episodio, por supuesto, son muchas más. Kit Snicket, saltando a un precipicio para salvar el azucarero, embarazada y con las alas de libélula de Beatrice es lo más Kit Snicket que he visto en la vida. El momento de privacidad de Violet y Quigley es tan sutil como en el libro y funciona. Los villanos de V.F.D TMWBBNH y TWWHBNB están en su punto, terroríficos, malévolos y los incendios en la ciudad hacen que en verdad nos lo creamos. Fernald y Sunny son lo más adorable y amé las veladas referencias a lo que siente Fernald por Olaf (¿Cómo es que todos los personajes tienen un crush con Olaf?).
Pasemos a The Grim Grotto, que sufre la misma aceleración de los acontecimientos que han resonado en mi cabeza durante años y que ahora tuve que ver en poco más de ochenta minutos. La incursión en la cueva y el envenenamiento de Sunny, que eran los puntos de suspenso más importantes del libro, se escapan como agua. Sin embargo, el resultado en general fue maravilloso y quedé completamente satisfecha a pesar de los cambios. Desde que me enteré que habían eliminado a Jacquelyn de la temporada (¿en qué estaba pensando?) me había preparado para la decepción de no ver uno de los principales misterios del libro resueltos. ¿Quién es la persona que se lleva al Capitán Widdershins del Queequeg? ¿Es la misma mujer que recupera el azucarero de la cueva? El análisis de @snicketsleuth acierta al explicar que esa mujer es la Duquesa de Winnipeg y en las temporadas pasadas todo apuntaba a que Jacquelyn era la Duquesa. Todo eso cambió y es Quigley quien recupera el azucarero, lo cual está bien ya que incrementa la participación del personaje. Y el Capitán Widdershins es omitido de la trama; al inicio estuve en contra de esa omisión pero ahora veo que lo hicieron para hacer brillar a Fiona. Y lo lograron. La volatilidad de Fiona se aprecia desde el instante en que ella y Violet chocan. Dos brillantes ingenieras acostumbradas a mandar y encima Fiona se atreve a acaparar la atención de Klaus. La dinámica sirve para darle peso a ambos personajes y prepararnos para la transvaloración de valores que sucede gracias al encuentro de Fernald y Fiona. La confrontación entre Olaf, Fernald, Fiona y Baudelaires es exactamente igual de terrible y dolorosa que en el libro y gracias a la revelación sobre lo que sucedió con Fernald y Anwhistle Aquatics podemos ver, por primera vez, el lado oscuro de lo nobles voluntarios de V.F.D. Mucho más explícito que en el texto, se explica que Fernald fue quien provocó el incendió, con el fin de evitar la producción del Medusoid Mycellium y debido a ello pierde sus manos y es expulsado de V.F.D. Creo que en Fernald tenemos a uno de los mejores personajes del desenlace de la saga, y la actuación de Usman Ally es espectacular. También es preciso hacer una mención especial de la escena de la aparición de The Great Unknown; es fabulosa y logra mantener el suspenso que la segunda temporada no logró en los momentos clave de sus respectivos episodios. La música, los golpes, y la visión del ojo de aquella criatura nos confirma que The Great Unknown sí es un monstruo, como también lo había explicado @snicketsleuth en otro análisis. A pesar de que la lectura favorita de todos es que el misterio es una metáfora de la muerte (con lo cual, Quagmire triplets y Fiona, sí, estarían muertos, ugh), me gustó mucho ver al monstruo estilo Moby Dick para reforzar las referencias a Melville, y de cualquier manera, el propio Moby Dick es una metáfora de la muerte como nos lo explica Fiona (simplemente brillante) ¿Qué más? Noté la ausencia de los poemas de C.S. Lewis, Browning y T.S. Elliot que Quigley manda a Violet. La referencia a The Waste Land “At the violet hour...” es la razón por la cual empecé a leer poesía y hubiera sido agradable ver a los Baudelaire utilizando el sistema de códigos de V.F.D. en los versos.
Por último, ah, la escena del reencuentro de los Baudelaire con Mr. Poe en Briny Beach. Ya he hablado del poder que tienen las metáforas en ASoUE y la descripción estilo cuento de hadas de situaciones clave en la historia. El simbolismo de los Baudelaire encontrándose con Mr. Poe en el lugar donde comenzó todo, y el momento en el que toman su decisión de no ir tiene un halo mágico en las palabras, que la pantalla no logra captar. De igual manera, el milagroso encuentro con Kit Snicket, una aliada, y nada menos que la hermana de Jacques Snicket, en medio de esa serie de eventos desafortunados, parece banal cuando ella los recoge con toda calma en el taxi. El cliffhanger es el mejor de todos los libros, superando por mucho al de TCC pero en esa escena no percibí ninguna encrucijada del destino, ni una elección con consecuencias irremediables, al menos no con la misma fuerza que en el original. Tendré que resignarme al hecho de que yo misma construí castillos sobre el cierre de The Grim Grotto, y que sólo podré acceder a la fatalidad de la decisión de los Baudelaire por escrito.
A pesar de lo negativa que pueda parecer la reseña, en realidad amé los episodios al punto de que estoy temblando al escribir estas palabras. Es natural la velocidad a la que se desarrolla todo, es momento de cerrar todos los nudos de la historia y muchas cosas deben ser dejadas de lado. Pero al mismo tiempo, obtuvimos detalles y respuestas que en los libros no se nos ofrecían, y lo mejor de todo, la obscuridad de los cuatro libros está presente y hay un esfuerzo en cada segundo de los episodios por resaltarla. En la siguiente parte del análisis me centraré en The Penultimate Peril y The End y ya quiero hablar de las joyas que los creadores nos obsequiaron como despedida. Espero que hayan disfrutado este último viaje tanto como yo y también espero leer sus comentarios al respecto. Me iré a dormir con la enseñanza de The Grim Grotto que permanecerá en mi para siempre.
People aren't either wicked or noble. They are like chef's salads, with good things and bad things chopped and mixed together in a vinaigrette of confusion and conflict.
A veces me pregunto de dónde obtuvo Lana Wachowski la inspiración para la controversial trilogía de la Matrix. En sentido estricto, la idea de una simulación producida por una entidad trascendente se puede rastrear hasta Descartes, y con más exigencia hasta San Agustin y William of Ockham. Tal vez Lana leyó a los filósofos medievales, o tal vez no fue tan lejos y sólo leyó a los grandes maestros del cyberpunk japonés.
Otras veces, cuando intento comprender las razones del odio que existe en mi país, pienso que Lana no desarrolló la idea de la Matrix como un escape de la realidad, sino como un mero reflejo de ella. Esta sociedad de androides sin compasión por almas que huyen de la muerte y la pobreza lo único que me genera es una sensación de sospecha. No puede ser real, no existe. Todas estas personas, son máscaras, son cuerpos de zeronium diseñados por el más habilidoso científico. Todo es parte de una gran simulación.
A los habitantes de la Matrix nos quieren hacer creer que lo real está ahí fuera, omnipotente, como un juez. La familia, la nación, Dios, la vida, el trabajo, el dinero. ¿Por qué es que una pone en cuestión la existencia de esa simulación? ¿Acaso no te gusta vivir dentro de ella? Esos son los verdaderos valores, escucho día tras día, esa es la realidad, y tan real es que la mera mención de otras posibilidades es razón suficiente para ser vetado de la Matrix para siempre. Cuidado con los invasores de la simulación, son seres que vienen a robarse nuestros recursos, nuestras fuentes de trabajo. Son diferentes de nosotros, aunque tengan nuestro mismo color de piel y hablen nuestro idioma,a nosotros nadie nos ha regalado nada y eso nos coloca en un altar superior al de los invasores. La Matrix es nuestra guardiana, pues ella nos arropa, cómodos en nuestro resentimiento e ignorancia infinitos. Cualquiera que intente salir o entrar a la Matrix, debe ser aniquilado.
Me siento enferma dentro de esta Matrix. Trato de responder las palabras de odio con una sonrisa, porque no encuentro fuerzas en mi para explicarle al androide temeroso de lo desconocido, por qué es justo ayudar a un refugiado por el mero fin de hacerlo. Esta sociedad que necesita argumentos para dar comida, casa y dignidad a una persona que lo necesita es prueba suficiente de que todo debe ser falso. Todo es producto de un grave error, o de una broma de un genio maligno. Quiero escapar de la Matrix antes de que el virus de la xenofobia infecte mi cerebro positrónico, como ha infectado al de mis congéneres.
Éste no busca ser un texto más para exhortarnos a reconocer, tarde y de manera sesgada, como siempre nos sucede a los lectores de occidente, la importancia de una de las autoras más representativas de la historia del manga. Riyoko Ikeda, nacida en 1949, lo cual la hace parte del grupo del año 24, la reina del shojo manga y conocida principalmente por su drama Berusaiyu no bara, (La Rosa de Versalles), ambientado en la Revolución Francesa. No quiero hablar de la relevancia de que Ikeda haya vestido a su Oscar de hombre y la haya hecho una protagonista estandarte del feminismo. Como si las mangakas no tuvieran la misma capacidad que los escritores occidentales para comprender los deseos y los problemas de las mujeres oprimidas. Tampoco me interesa hablar de cómo Ikeda convirtió al shojo infantil de los años sesentas en un medio serio y que debemos tomar en cuenta. El manga no asume las divisiones público infantil y adulto a las que estamos acostumbrados en este lado del globo.
A mi me interesa hablar de la pasión creadora de Riyoko Ikeda, quien concilió la fascinación japonesa por la cultura francesa y la nostalgia por un pasado de reyes y condesas, y aprovechó el impulso de las mangakas mujeres en los años setenta para consolidar su propio manga, de japonesas para japonesas. Riyoko Ikeda y compañía, despertaron del sueño dogmático que sus colegas les habían hecho creer. No era verdad que el manga era una industria exclusivamente de hombres. Tampoco era verdad que el manga debía de hablar de robots, peleas de mechas, sámurais y deportes, temas usualmente asociados a los protagonistas masculinos. Y lo menos verdadero de todo era que ella no tenía derecho a tratar la historia que ya había sido. Parece terreno peligroso entrometerse en temas tan lejanos para una japonesa, quien es mangaka y no historiadora, y quien probablemente no tiene las herramientas para enfrentarse a los expertos que le pudieran decir. “Eso que tú plasmas en tus dibujos infantiles, no es históricamente exacto”. Pero lo más grandioso de todo es que a ella no le importo eso. En palabras más simples, Riyoko Ikeda pensó “Yo amo Francia. Yo amo el manga. ¿Por qué no puedo hacer un manga que trate sobre lo que más amo?”. Y eso, creo, es la virtud más grande de Verubara. Verubara es la idealización del acontecimiento de la Revolución Francesa, plasmado a través de los ojos resplandecientes del shojo manga y de las rosas infinitas que enmarcan de los personajes. Colores pastel, detalles rococó y protagonistas de aspecto caucásico, glorificados hasta niveles estratosféricos, nos hacen olvidar que la reina Marie Antoinette no fue la dulce princesa que vemos en el manga. A Ikeda no le importa ser fiel a los hechos, aunque es claro que existe un tremendo trabajo de investigación detrás de esas páginas. A ella no le importa que la historia ya haya dejado su huella y que su narrativa se vea limitada por lo que ya es conocido. ¿Por qué hacer un manga de la Revolución Francesa, si se han escrito miles de estudios al respecto, si será históricamente inexacto, y tal vez el manga, por su procedencia japonesa, no sea el medio más adecuado para tratarlo? Bueno, Riyoko Ikeda simplemente quiso hacerlo y uno puede ir a leer el resultado en las páginas.
Por lo anterior, celebremos a Riyoko Ikeda. Ella quiso crear un manga que hablara de sus deseos. Ella quiso entretener a sus lectoras con el anhelo de la cultura de la Ilustración. Ella sintió la fascinación por el manga y por Francia y llegó a la resolución de que podía crear algo a partir de su admiración, si le apetecía. La voluntad y determinación artística de las mangakas como Riyoko Ikeda sirven para abrir puertas, y nos hacen recordar que, en efecto, todas las fronteras son convenciones que esperan ser trascendidas.